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Perdida la batalla del Ebro por las fuerzas republicanas, a medida que las franquistas avanzaban en Cataluña, su Estado Mayor se hacía la idea de conseguir cuanto antes la rendición de Menorca, isla que continuaba firme en su resistencia. Franco sabía que la artillería de costa podía desbaratar cualquier intento de desembarco mientras por otra parte la DCA había dado palpables pruebas de su eficacia contra los ataques aéreos. Era pues preferible intentar una rendición pactada. Franco recurrió a los buenos oficios de Inglaterra, que ya había ejercido el papel de mediadora en ciertos momentos y en determinados lugares de la península. Tales contactos fueron siempre ocultados por Franco a sus colaboradores.
Alan Hillgarth, cónsul británco en Palma
El 2 de febrero de 1939 el Cónsul británico en Palma de Mallorca, Alan Hillgarth, envió al Foreing Office un telegrama concebido en estos términos Sabemos que el general Franco desea evitar la lucha en Menorca y que el gobernador de la isla actúa de forma casi independiente del gobierno. Señalaba finalmente que las condiciones que podrían aplicarse si se llegaba a un acuerdo, parecían razonables. Preciso es subrayar el interés del Cónsul advirtiendo que el Gobierno de la República apenas ejerce control en Menorca lo que evidentemente no era cierto ya que tanto la autoridad militar como la civil estuvieron en todo momento consultando y recibiendo órdenes de Valencia e incluso el gobierno había creído conveniente sustituir al recién ascendido general Brandaris por el Vicealmirante Luis González de Ubieta, prestigioso jefe de la Marina republicana.
Vicealmirante Luis González de Ubieta Hillgarth, acompañado de un jefe de la Marina de su país, celebró el día 5 de febrero una primera reunión con el almirante Moreno y el teniente coronel de la Aeronáutica Naval, Fernando Sartorius y Díaz de Mendoza, Conde de San Luis, Jefe de la Zona Aérea de Baleares, personajes que representaban a Franco en calidad de enviados especiales. Los reunidos acordaron que el Devonshire -que ya había estado en Mahón en julio de 1936 como se recordará- conduciría a Hillgarth y Sartorius a Mahón donde se entrevistarían con las autoridades de la isla sirviendo el buque británico como zona neutral. Se convino finalmente que ningún súbdito británico tomaría parte en la entrevista para no dar la impresión de que el gobierno inglés tiene la menor responsabilidad en las negociaciones según indicaciones contenidas en un telegrama enviado desde Londres al Cónsul Hillgarth, por lo cual éste no iría a Mahón contrariamente a lo que se dijo en algunas informaciones. Por otra parte, Sartorius aceptó dar garantías por escrito de que en la ocupación de Menorca no tomarían parte tropas extranjeras y, por supuesto, que no habría ataques mientras duraran las negociaciones
. El crucero británico Devonshire fotografiado en el puerto de La Valetta (Malta) Sobre las 6,30 de la mañana del día 7 de febrero llegó el Devonshire a la bocanada de nuestro puerto, siendo autorizado a fondear, cosa que hizo sobre las 8. Como el buque no enarbolaba la insignia de un Almirante de escuadra -en cuyo caso el Comandante Militar de Menorca hubiera ido personalmente a bordo para cumplimentar al Comandante del buque-, fueron a saludarle el Jefe de la Base Naval que ejerció funciones de intérprete. Acompañado de los citados jefes, el Comandante de la nave inglesa se trasladó a la Comandancia Militar para invitar, en el curso de una breve entrevista, al Vicealmirante González de Ubieta a que fuera al Devonshire y se entrevistase con el enviado de Franco, quien deseaba hacerle unas honrosas proposiciones de rendición.
El Comandante Militar de Menorca, Vicealmirante Luis González de Ubieta, saluda al capitán Muirhed a su llegada a bordo del crucero británico Devonshire Informó el Vicealmirante el coronel Redondo, al capitán Izquierdo y el Jefe de E.M. de la Marina Piñeiro de lo que ocurría y de su disposición de trasladarse al crucero británico para escuchar al representante franquista pero anticipándoles que no admitiría ninguna propuesta de rendición. Acompañado de las mismas personas que habían ya estado a bordo - señores Sanmartín y el médico de la Base- se dirigió en la motora de la Comandancia hacia la entrada del puerto donde se hallaba anclado el buque inglés. Ni el Comisario Valbuena ni ninguna otra autoridad marchó con ellos según atestigua Francisco Izquierdo Brotons en su anteriormente citado relato. La entrevista ente el Conde de San Luis y el Comandante Militar de Menorca se desarrolló en el camarote-despacho del Comandante del Devonshire. Éste, tras una breve presentación, dejó solos a los dos interlocutores. Alrededor de las doce del mediodía regresó a Mahón el Vicelalmirante González de Ubieta y reuniendo de nuevo a sus tres colaboradores - Redondo, Izquierdo y el Jefe de E.M. de Marina - les dijo que el enviado franquista le había propuesto un rendición honrosa para evitar derramamiento de sangre contestándole que dicha propuesta debía ser dirigida al Gobierno de la República, único que podía decidir y que mientras no lo hiciera, él defendería la isla con todas las fuerzas de que disponía. Satorius replicó que el Gobierno republicano había ya pasado a Francia. Aún si fuese así, - indicó finalmente Ubieta - podría consultar con el Estado Mayor Central y sólo después de recibir instrucciones, adoptaría una decisión. El Contralmirante y sus colaboradores reconocieron que la situación empeoraba por momentos y que, desconociéndose el paradero de Negrín y habiendo salido de España los ministros, era preciso contactar con el general Miaja, puesto que sólo él podía autorizar la rendición. Entretanto, todos se comprometieron a defender la isla reiterando su fidelidad al Comandante Militar y a la República. El Comandante del buque inglés había escrito en un informe redactado por el Almirante Persuadí a Ubieta para que subiera a bordo y se encontrara con San Luis. La entrevista no fue muy fructífera pues el gobernador dijo que no podía decidir sin consultar con el Gobierno de la República. De manera que ha vuelto a desembarcar para consultar con Valencia y si no obtiene respuesta ninguna, decidirá por sí mismo mañana miércoles. Me he comprometido a esperar hasta el mediodía.
Refugiados menorquines a bordo del Devonshire Considero muy importante señalar que aún admitiendo que la postura mediadora de Inglaterra pudo estar influida por el deseo de lograr que el fin de la guerra en Menorca se produjera sin efusión de sangre ni víctimas inocentes entre la población civil, es indudable que otro motivo poderosísimo determinó la decisión de la diplomacia inglesa. Este motivo no pudo ser otro que el de evitar a toda costa que fuerzas italianas pudieran continuar en Mallorca, y también en Menorca al final de la guerra en virtud de una exigencia de Mussolini a Franco como pago de la decisiva ayuda prestada sin la cual, muy posiblemente, todas las Baleares hubieran quedado en manos de la República. Resultaba primordial para la vieja Albión, que Franco se comprometiera a que las fuerzas que ocupasen Menorca no fuesen extranjeras, pues, de lo contrario, la posición de Inglaterra y Francia en el Mediterráneo se hubiese visto seriamente amenazada en el caso de una guerra considerada ya como inminente. Su acción mediadora en la rendición de nuestra isla estuvo pues encaminada a lograr aquel propósito, vital para sus intereses. Texto recogido de parte del Capítulo X HACIA EL DESENLACE de la obra La Guerra Civil en Menorca 1936 - 1939 Relato histórico de un testigo Deseado Mercadal Bagur Maó, 1994 |