Definitivamente, estamos en un país de
ciegos, y quizá también de sordos, pero
¿también de mudos? Más allá de la presunta
conveniencia de abandonar Son Dureta -que,
como ciudadano de Palma, nunca he
comprendido-, en la cuestión del nuevo
hospital de referencia (llámese Son Dureta
o como se quiera), la actuación de
nuestros gobernantes (y de nuestro tejido
social en general, salvo las honrosas
excepciones que confirman la regla) puede
hacer sospechar al ciudadano de a pie que
afrontamos el futuro a ciegas. Y no hablo
de partidos sino de instituciones de
gobierno: empezando por un Ayuntamiento de
Palma que en 2003 no supo o no quiso
analizar urbanísticamente la mejor
ubicación de un nuevo hospital y eligió un
emplazamiento absurdo; pasando por un
Govern al que tampoco le ha importado esta
cuestión; y, lo que es peor, sabiéndolo,
no han sido capaces de corregir.
Un mal presagio: Cuando en el pasado
reciente nuestra ciudad ha tenido que
ubicar grandes equipamientos (léase
universidad, segundo hospital, prisión,
ParcBit, etc.) la falta de racionalidad y
análisis han sido la pauta, hasta el punto
de que siempre se han tenido que elegir
fincas rústicas en las que el elemento
decisorio lo ha constituido la
circunstancia o casualidad de que
estuvieran en venta en ese momento ("estaven
venals"), ¡brillante ejemplo de saber
hacer! Exactamente éso es lo que ha pasado
con la elección de Son Espases. En este
sentido, el Ayuntamiento y el Govern no se
estrujaron mucho la cabeza, simplemente se
limitaron a seguir la pauta tradicional:
"Hay que buscar sitio para hacer un nuevo
hospital: "Meam, quines finques rústiques
grans estan venals ara?"
Con esta ausencia de método no es de
extrañar la pésima solución a la que se
llega: siempre en suelo rústico, siempre
en el lugar equivocado y, además,
destruyendo el paisaje heredado?, ¿hasta
cuándo aguantaremos los ciudadanos que el
dinero público se utilice sistemáticamente
para destruir el territorio? La iniciativa
privada, cuando tiene que elegir dónde va
a emplazarse (supermercados, bancos,
etc.), hace exhaustivos análisis
estratégicos, ¿no cabe exigir a nuestros
gobernantes el mismo celo y la misma
perspicacia en beneficio del interés
general?
A día de hoy, los ciudadanos aún esperan
que alguien proponga una situación
alternativa razonable a la de Son Espases,
más a allá del mero recurso a más fincas
rústicas (CIR, etc.) que adolecen de los
mismos defectos que aquella.
Una alternativa razonable: Son Hugo. Son
Espases no reúne ninguna de las
condiciones exigibles: no está cerca de la
Vía de Cintura (más de un kilómetro);
tiene una accesibilidad complicada y
enrevesada; está lejos de donde viven los
palmesanos; y su edificación en el entorno
rural de Es Secar produciría un impacto
desastroso. La dotación de servicios
urbanos es también un sobrecoste no tenido
en cuenta (acuérdense lo que ha costado
dotar a Son Llàtzer de accesos y servicios
urbanos).
Pero, cuando finalmente uno levanta los
ojos del plano y aleja un poco la vista de
Son Espases, se topa necesariamente con
una finca que -¡oh, maravilla!- reúne en
buena medida todos los requisitos
anteriores y además tiene la misma
orografía llana: la zona de Son Hugo
(actualmente calificada en el Plan General
como Sector de suelo urbanizable "SUP/52-02
Son Pardo". Dista de Son Espases menos de
dos kilómetros, pero frente a las 25
hectáreas de superficie que ésta tiene,
Son Hugo llega a 37 hectáreas, lo que
permite adaptar sin problemas el actual
proyecto de hospital, respetando la misma
orientación. Por otra parte, el entorno
urbano de Son Hugo facilitaría, en el
futuro, ampliar la altura edificada para
ampliar el hospital sin que esto
represente un impacto significativo, algo
impensable en El Secar.
La posición respecto a la ciudad. Son
Espases tiene una posición periférica muy
desventajosa (por otra parte, similar y
casi tan mala como la de Son Llàtzer).
Pero el hecho de estar aislado del resto
de la ciudad es un demérito para un
hospital y no sólo por la dificultad de
acceso. Sería mucho mejor que tuviera
cerca usos complementarios (viviendas para
trabajadores del hospital, bares,
comercios, farmacia, hoteles para
acompañantes, servicios diversos, etc.).
En cambio, Son Hugo está imbricado en la
ciudad, rodeado de suelos urbanos sobre
los que el hospital ejercería una muy
benéfica influencia, revalorizando
urbanísticamente su entorno en vez de
destrozarlo.
Entre las ventajas que podría producir la
alternativa de Son Hugo sobre su entorno,
cabría la integración de la zona verde de
Son Fusteret, un espacio residual perdido
entre la autopista de Inca y el Polígono y
desconectado de la ciudad. La urbanización
de la parcela del hospital podría prever
la continuidad de esta zona verde con la
propia del hospital, integrando ambas y
podrían conectarse peatonalmente con Son
Oliva salvando la Vía de Cintura.
Una accesibilidad diversificada. Frente a
la precariedad de la accesibilidad de Son
Espases (que depende exclusivamente de un
Camí del Reis expuesto atascos
cotidianos), Son Hugo posee una rica
diversidad de accesos: varios accesos
rodados (desde la autopista de Inca, la
Vía de Cintura, Eusebio Estada, carretera
de Sóller y Archiduque Luís Salvador);
accesos directos peatonales desde los
barrios cercanos (Son Oliva, Son Ferragut,
Amanecer, Son Fortesa y el Polígono); y,
accesos en metro y ferrocarril, pues dos
estaciones quedan a 600-800 metros, e
incluso el tren de Sóller podría tener un
apeadero en la misma parcela.
Sobre los costes del suelo. Frente a una
inversión prevista de 240 millones de
euros (233 de la construcción más 7 de la
parcela de Son Espases), la repercusión
del coste del suelo es ridículamente baja
(no llega al 3%). En 2003, la miopía y la
falta de miras de nuestros gobernantes les
hizo obcecarse en ahorrar cuatro perras en
el terreno, tanto que no les importó
comprar un terreno equivocado.
¿Cuál sería la repercusión razonable del
suelo para una inversión de este calibre?
El hecho de que Son Hugo sea urbanizable
puede llevar a pensar que el coste del
suelo sea prohibitivo. Pero esto no es
así; en parte, porque casi un 40% del
sector es ya de dominio público; y también
porque cabe invertir más en el suelo,
siempre que su situación cumpla los
requisitos. Y, además, hay que dejar la
puerta abierta para una buena gestión
urbanística que puede obtener
gratuitamente los suelos dotacionales
(como por ejemplo reciente, la Cuña
Verde).
Sin retrasos significativos. Los trámites
administrativos que conllevaría modificar
el PGOU de Palma para cambiar el destino
de Son Hugo hasta el momento de ocupar los
terrenos (vía expropiación o convenio), y
ajustar el proyecto de obra, podrían estar
listos antes del verano próximo, pero esto
depende de la eficacia de la gestión de
las administraciones involucradas. Y ello
en el supuesto de que el adjudicatario de
la obra acepte el cambio. Una demora así
no es significativa en relación con lo que
ya dura el proceso y permitiría inaugurar
el hospital antes de las siguientes
elecciones.
Una nueva oportunidad para La Real. Al
renunciar a destruir Son Espases aparece
con todo su esplendor, por fin, una nueva
oportunidad de repensar la ordenación del
entorno del Monasterio de Sant Bernat.
Ahora se podrá plantear la protección del
entorno del monasterio, pero cabe ir más
allá y pensar en la posibilidad de crear
una gran zona no urbanizada que rompa la
continuidad de la "mancha de aceite"
urbana que amenaza con engullir
insensatamente La Real. Un gran vacío
entre la carretera de Valldemossa y el
torrente de la Riera, que enlazaría con la
Cuña Verde.
El replanteamiento de la posición del
hospital es una alternativa en la que
todos ganan, y permitiría el desbloqueo de
una situación absurda, profundamente
lesiva para el interés de nuestra ciudad y
que hace infelices a muchos palmesanos, a
la que se ha llegado por seguir una
política ciega que ha hecho oídos sordos
ante ciudadanos que no quieren asistir
mudos a la destrucción de su entorno.
Angel García de Jalón Lastra es arquitecto
y urbanista. Gerente Municipal de
Urbanismo de Palma (1987-89).
Diario de Mallorca
20/09/2007