¿Un país de ciegos?


Ángel García de Jalón Lastra

 

 

Definitivamente, estamos en un país de ciegos, y quizá también de sordos, pero ¿también de mudos? Más allá de la presunta conveniencia de abandonar Son Dureta -que, como ciudadano de Palma, nunca he comprendido-, en la cuestión del nuevo hospital de referencia (llámese Son Dureta o como se quiera), la actuación de nuestros gobernantes (y de nuestro tejido social en general, salvo las honrosas excepciones que confirman la regla) puede hacer sospechar al ciudadano de a pie que afrontamos el futuro a ciegas. Y no hablo de partidos sino de instituciones de gobierno: empezando por un Ayuntamiento de Palma que en 2003 no supo o no quiso analizar urbanísticamente la mejor ubicación de un nuevo hospital y eligió un emplazamiento absurdo; pasando por un Govern al que tampoco le ha importado esta cuestión; y, lo que es peor, sabiéndolo, no han sido capaces de corregir.


Un mal presagio: Cuando en el pasado reciente nuestra ciudad ha tenido que ubicar grandes equipamientos (léase universidad, segundo hospital, prisión, ParcBit, etc.) la falta de racionalidad y análisis han sido la pauta, hasta el punto de que siempre se han tenido que elegir fincas rústicas en las que el elemento decisorio lo ha constituido la circunstancia o casualidad de que estuvieran en venta en ese momento ("estaven venals"), ¡brillante ejemplo de saber hacer! Exactamente éso es lo que ha pasado con la elección de Son Espases. En este sentido, el Ayuntamiento y el Govern no se estrujaron mucho la cabeza, simplemente se limitaron a seguir la pauta tradicional: "Hay que buscar sitio para hacer un nuevo hospital: "Meam, quines finques rústiques grans estan venals ara?"


Con esta ausencia de método no es de extrañar la pésima solución a la que se llega: siempre en suelo rústico, siempre en el lugar equivocado y, además, destruyendo el paisaje heredado?, ¿hasta cuándo aguantaremos los ciudadanos que el dinero público se utilice sistemáticamente para destruir el territorio? La iniciativa privada, cuando tiene que elegir dónde va a emplazarse (supermercados, bancos, etc.), hace exhaustivos análisis estratégicos, ¿no cabe exigir a nuestros gobernantes el mismo celo y la misma perspicacia en beneficio del interés general?


A día de hoy, los ciudadanos aún esperan que alguien proponga una situación alternativa razonable a la de Son Espases, más a allá del mero recurso a más fincas rústicas (CIR, etc.) que adolecen de los mismos defectos que aquella.


Una alternativa razonable: Son Hugo. Son Espases no reúne ninguna de las condiciones exigibles: no está cerca de la Vía de Cintura (más de un kilómetro); tiene una accesibilidad complicada y enrevesada; está lejos de donde viven los palmesanos; y su edificación en el entorno rural de Es Secar produciría un impacto desastroso. La dotación de servicios urbanos es también un sobrecoste no tenido en cuenta (acuérdense lo que ha costado dotar a Son Llàtzer de accesos y servicios urbanos).


Pero, cuando finalmente uno levanta los ojos del plano y aleja un poco la vista de Son Espases, se topa necesariamente con una finca que -¡oh, maravilla!- reúne en buena medida todos los requisitos anteriores y además tiene la misma orografía llana: la zona de Son Hugo (actualmente calificada en el Plan General como Sector de suelo urbanizable "SUP/52-02 Son Pardo". Dista de Son Espases menos de dos kilómetros, pero frente a las 25 hectáreas de superficie que ésta tiene, Son Hugo llega a 37 hectáreas, lo que permite adaptar sin problemas el actual proyecto de hospital, respetando la misma orientación. Por otra parte, el entorno urbano de Son Hugo facilitaría, en el futuro, ampliar la altura edificada para ampliar el hospital sin que esto represente un impacto significativo, algo impensable en El Secar.


La posición respecto a la ciudad. Son Espases tiene una posición periférica muy desventajosa (por otra parte, similar y casi tan mala como la de Son Llàtzer). Pero el hecho de estar aislado del resto de la ciudad es un demérito para un hospital y no sólo por la dificultad de acceso. Sería mucho mejor que tuviera cerca usos complementarios (viviendas para trabajadores del hospital, bares, comercios, farmacia, hoteles para acompañantes, servicios diversos, etc.). En cambio, Son Hugo está imbricado en la ciudad, rodeado de suelos urbanos sobre los que el hospital ejercería una muy benéfica influencia, revalorizando urbanísticamente su entorno en vez de destrozarlo.

 
Entre las ventajas que podría producir la alternativa de Son Hugo sobre su entorno, cabría la integración de la zona verde de Son Fusteret, un espacio residual perdido entre la autopista de Inca y el Polígono y desconectado de la ciudad. La urbanización de la parcela del hospital podría prever la continuidad de esta zona verde con la propia del hospital, integrando ambas y podrían conectarse peatonalmente con Son Oliva salvando la Vía de Cintura.


Una accesibilidad diversificada. Frente a la precariedad de la accesibilidad de Son Espases (que depende exclusivamente de un Camí del Reis expuesto atascos cotidianos), Son Hugo posee una rica diversidad de accesos: varios accesos rodados (desde la autopista de Inca, la Vía de Cintura, Eusebio Estada, carretera de Sóller y Archiduque Luís Salvador); accesos directos peatonales desde los barrios cercanos (Son Oliva, Son Ferragut, Amanecer, Son Fortesa y el Polígono); y, accesos en metro y ferrocarril, pues dos estaciones quedan a 600-800 metros, e incluso el tren de Sóller podría tener un apeadero en la misma parcela.


Sobre los costes del suelo. Frente a una inversión prevista de 240 millones de euros (233 de la construcción más 7 de la parcela de Son Espases), la repercusión del coste del suelo es ridículamente baja (no llega al 3%). En 2003, la miopía y la falta de miras de nuestros gobernantes les hizo obcecarse en ahorrar cuatro perras en el terreno, tanto que no les importó comprar un terreno equivocado.


¿Cuál sería la repercusión razonable del suelo para una inversión de este calibre? El hecho de que Son Hugo sea urbanizable puede llevar a pensar que el coste del suelo sea prohibitivo. Pero esto no es así; en parte, porque casi un 40% del sector es ya de dominio público; y también porque cabe invertir más en el suelo, siempre que su situación cumpla los requisitos. Y, además, hay que dejar la puerta abierta para una buena gestión urbanística que puede obtener gratuitamente los suelos dotacionales (como por ejemplo reciente, la Cuña Verde).


Sin retrasos significativos. Los trámites administrativos que conllevaría modificar el PGOU de Palma para cambiar el destino de Son Hugo hasta el momento de ocupar los terrenos (vía expropiación o convenio), y ajustar el proyecto de obra, podrían estar listos antes del verano próximo, pero esto depende de la eficacia de la gestión de las administraciones involucradas. Y ello en el supuesto de que el adjudicatario de la obra acepte el cambio. Una demora así no es significativa en relación con lo que ya dura el proceso y permitiría inaugurar el hospital antes de las siguientes elecciones.


Una nueva oportunidad para La Real. Al renunciar a destruir Son Espases aparece con todo su esplendor, por fin, una nueva oportunidad de repensar la ordenación del entorno del Monasterio de Sant Bernat. Ahora se podrá plantear la protección del entorno del monasterio, pero cabe ir más allá y pensar en la posibilidad de crear una gran zona no urbanizada que rompa la continuidad de la "mancha de aceite" urbana que amenaza con engullir insensatamente La Real. Un gran vacío entre la carretera de Valldemossa y el torrente de la Riera, que enlazaría con la Cuña Verde.


El replanteamiento de la posición del hospital es una alternativa en la que todos ganan, y permitiría el desbloqueo de una situación absurda, profundamente lesiva para el interés de nuestra ciudad y que hace infelices a muchos palmesanos, a la que se ha llegado por seguir una política ciega que ha hecho oídos sordos ante ciudadanos que no quieren asistir mudos a la destrucción de su entorno.

Angel García de Jalón Lastra es arquitecto y urbanista. Gerente Municipal de Urbanismo de Palma (1987-89).

Diario de Mallorca

20/09/2007