Los obispos y la política española

Antonio Tarabini

 

 

Parte de los obispos españoles, presididos por Rouco, están dando un salto cualitativo en su interpretación de la vida pública española y en su posicionamiento respecto al gobierno socialista, surgido democráticamente de las urnas. No sólo no asumen en positivo el lugar que la Iglesia tiene (¡que lo tiene!) en una sociedad, la nuestra, pluralista y diversa en sus visiones personales y colectivas, sino que, además, pretenden intervenir en la guerra abierta en el seno del PP tomando partido (¡nunca mejor dicho!) por una de sus corrientes internas, la más conservadora.


La actual cúpula de la Conferencia Episcopal, presidida por el cardenal Rouco, no comprende ni acepta que vivamos en un estado democrático (¡como máximo!) aconfesional. Siguen anclados en una determinada interpretación del mensaje evangélico según la cual la moral católica tiene que ser el referente de la sociedad civil y de su cuerpo legislativo. Su pretensión es que el pecado (¡que se supone vincula a los católicos!) se convierta en delito (¡que debería vincular a todos los españolitos, independientemente de sus creencias o no creencias!), y convertir a los pecadores en delincuentes. Como consecuencia, véase el caso español, tienden a sentirse "perseguidos" por los poderes políticos, cuando en realidad tienen a su disposición el espacio público para manifestar (¡manifestarse!) sus ideas y/o contra las gubernamentales (incluidos exabruptos, como el penúltimo del obispo de Valencia en la concentración en favor del modelo de familia católica).


En la portada del domingo 25 de La Vanguardia (¡un periódico no izquierdoso!) se leía: "Rouco toma partido en la batalla interna del PP", a pesar de que Rajoy le pidió personalmente neutralidad. A los hechos me remito. Casi por sorpresa y nocturnidad la COPE ha renovado el contrato del insigne Jiménez Losantos. Parece que no hubo votación previa, y los críticos (¡algunos afirman que haberlos haylos!) se refugiaron en la prudencia (¿cristiana?). Resultaría de interés conocer la opinión del nuncio del Vaticano en España, al que Jiménez Losantos calificó de masón (sic). Los insultos al Abad de Monserrat, merecían un capítulo aparte.

El problema no es que la emisora de la Conferencia Episcopal, la COPE, se ubique en la derecha. Lo grave es que se sitúe en la franja radical de la derecha defendida, entre otros, por Jiménez Losantos, esclavo del esperpéntico personaje que él mismo se ha creado. Sus intervenciones matutinas son capaces de resucitar a un muerto. La línea editorial de la emisora se basa en el insulto, mentiras, descalificaciones personales, llegando a situarse en actitudes ultras, cuasi desestabilizadoras de la convivencia democrática. No me refiero sólo a su actitud frente y contra el gobierno socialista, sino especialmente a su defensa (¡la mejor defensa es un ataque!) de los sectores más ultraconservadores del PP, que el incombustible Álvarez Cascos define como imbuidos de pensamiento liberal sazonado de humanismo cristiano. Otro el periódico La Razón, posicionado en la derecha sociológica y política, el lunes 26 en su sección El Submarino, se refería a la "operación Sacramento", según parece promovida por el popular Mayor Oreja, cuyo objetivo sería formar un partido confesional católico (¿la democracia cristiana?), y que contaría con el aliento del cardenal Rouco.

Si Rouco y sus acólitos representan a los católicos y católicas de nuestro país, mal futuro le veo a esa iglesia. Enjaulados en su manía persecutoria frente a los poderes públicos laicistas (¡según ellos intrínsecamente anticatólicos!), les queda la posibilidad de autodeclararse mártires.

Diario de Mallorca

02/06/2008