Parte de los obispos españoles, presididos
por Rouco, están dando un salto cualitativo
en su interpretación de la vida pública
española y en su posicionamiento respecto al
gobierno socialista, surgido
democráticamente de las urnas. No sólo no
asumen en positivo el lugar que la Iglesia
tiene (¡que lo tiene!) en una sociedad, la
nuestra, pluralista y diversa en sus
visiones personales y colectivas, sino que,
además, pretenden intervenir en la guerra
abierta en el seno del PP tomando partido
(¡nunca mejor dicho!) por una de sus
corrientes internas, la más conservadora.
La actual cúpula de la Conferencia
Episcopal, presidida por el cardenal Rouco,
no comprende ni acepta que vivamos en un
estado democrático (¡como máximo!)
aconfesional. Siguen anclados en una
determinada interpretación del mensaje
evangélico según la cual la moral católica
tiene que ser el referente de la sociedad
civil y de su cuerpo legislativo. Su
pretensión es que el pecado (¡que se supone
vincula a los católicos!) se convierta en
delito (¡que debería vincular a todos los
españolitos, independientemente de sus
creencias o no creencias!), y convertir a
los pecadores en delincuentes. Como
consecuencia, véase el caso español, tienden
a sentirse "perseguidos" por los poderes
políticos, cuando en realidad tienen a su
disposición el espacio público para
manifestar (¡manifestarse!) sus ideas y/o
contra las gubernamentales (incluidos
exabruptos, como el penúltimo del obispo de
Valencia en la concentración en favor del
modelo de familia católica).
En la portada del domingo 25 de La
Vanguardia (¡un periódico no izquierdoso!)
se leía: "Rouco toma partido en la batalla
interna del PP", a pesar de que Rajoy le
pidió personalmente neutralidad. A los
hechos me remito. Casi por sorpresa y
nocturnidad la COPE ha renovado el contrato
del insigne Jiménez Losantos. Parece que no
hubo votación previa, y los críticos
(¡algunos afirman que haberlos haylos!) se
refugiaron en la prudencia (¿cristiana?).
Resultaría de interés conocer la opinión del
nuncio del Vaticano en España, al que
Jiménez Losantos calificó de masón (sic).
Los insultos al Abad de Monserrat, merecían
un capítulo aparte.
El problema no es que la emisora de la
Conferencia Episcopal, la COPE, se ubique en
la derecha. Lo grave es que se sitúe en la
franja radical de la derecha defendida,
entre otros, por Jiménez Losantos, esclavo
del esperpéntico personaje que él mismo se
ha creado. Sus intervenciones matutinas son
capaces de resucitar a un muerto. La línea
editorial de la emisora se basa en el
insulto, mentiras, descalificaciones
personales, llegando a situarse en actitudes
ultras, cuasi desestabilizadoras de la
convivencia democrática. No me refiero sólo
a su actitud frente y contra el gobierno
socialista, sino especialmente a su defensa
(¡la mejor defensa es un ataque!) de los
sectores más ultraconservadores del PP, que
el incombustible Álvarez Cascos define como
imbuidos de pensamiento liberal sazonado de
humanismo cristiano. Otro el periódico La
Razón, posicionado en la derecha sociológica
y política, el lunes 26 en su sección El
Submarino, se refería a la "operación
Sacramento", según parece promovida por el
popular Mayor Oreja, cuyo objetivo sería
formar un partido confesional católico (¿la
democracia cristiana?), y que contaría con
el aliento del cardenal Rouco.
Si Rouco y sus acólitos representan a los
católicos y católicas de nuestro país, mal
futuro le veo a esa iglesia. Enjaulados en
su manía persecutoria frente a los poderes
públicos laicistas (¡según ellos
intrínsecamente anticatólicos!), les queda
la posibilidad de autodeclararse mártires.
Diario de Mallorca
02/06/2008