Joan Monserrat Parets                 Ni apostasía ni claudicación

Para mi amigo Lorenzo Bisbal

Debía la alusión venir así, correcta, respetuosa, cordial y avalada por la firma de mi buen amigo Bisbal, para que yo me creyera obligado a dejarla, al menos en intención, debida y justamente correspondida. Hubiera sido mi deseo, no creo mentir al afirmarlo, evitar la pública discusión de este para mi enojoso asunto. Preferiría que el tiempo fuera el encargado de hacer el consabido borrón y de fraguar la oportunidad que iniciara, sin saldo de ninguna clase, la cuenta nueva. Pero como también había ahora en mí, el inquebrantable propósito de no rehuir polémica con quien para sostenerla le reconociera yo por su historia la autoridad y responsabilidad necesarias, de aquí que haya querido entender requerimiento para la controversia la amistosa alusión de Bisbal, para, mediante ella, someter al público juicio la determinación de mi actitud y de mi conducta.

Declaro en primer término, después de un esfuerzo de memoria, que mantengo cuantos conceptos he vertido sobre la personalidad moral de Bisbal, y por si esa declaración no fuese sincera, quiero darme a mi mismo la seguridad de que guardo en mi pecho la nobleza suficiente para conceder el justo valor a la amistad que nos une, o que nos ha unido, diría, si los inevitables episodios de nuestras intestinas luchas la hubieran tornado menos cálida y fervorosa; más en uno y otro caso, aunque hubiera pasado, por cualquier circunstancia, a la categoría de recuerdo grato o ingrato a nuestra memoria, para este recuerdo reservaría lo más puro de mis intenciones y lo más noble de mis sentimientos. Queda dicho que no hay por mi parte propensión a la disputa, ni al más eres tú del patio de vecindad, ni siquiera peligro de escarceos literarios tan lamentablemente puestos de moda entre nosotros 

Y tras de éste que creía obligado preámbulo, intentemos ya entrar en el fondo del asunto. Si he conseguido dar justa interpretación a vuestro escrito es mi deber, después de agradeceros sinceramente los desmesurados elogios de que va repleto y quedarme con aquellos que en justicia me correspondan, demostrar que mi conducta no la inicia ni la sostiene una apostasía, ni la alienta una claudicación, sino simplemente la falta de valor, unido a la inconveniencia, para enfrentarme a los míos.

Vamos a ver si, como afirma Bisbal, se me reservaba en la Casa del Pueblo el primer puesto, y como se me preparaba a tal efecto una especie de entrada triunfal.

oooOooo

Era allá a mediados de Marzo del pasado año que yo dejaba fijada mi residencia en Palma. En “Petroleos Porto-Pí, S. A., se me señalaba en igual fecha el capítulo de mis obligaciones de empleado, y todo el tiempo, cosa natural, érame poco para ir haciéndome con la nueva profesión; no obstante ello, en igual fecha también, me habituaba a mis dos o tres visitas semanales, por la mañana, único tiempo de que disponía, a la Casa del Pueblo, y en el plazo que media desde la anotada fecha a la del 1º de Mayo del mismo año, uno de los pocos domingo que paso en Palma por ser mi presencia en Lluchmayor obligatoria para el desempeño de mi cargo de gerente de “Helios”, tuve ocasión, lo recordará el amigo Bisbal, de saludarle en la misma asa del Pueblo. Y era precisamente el 1º de Mayo del repetido año, que yo me enteraba de la carta dirigida por mi amigo Bisbal en fecha del 17 de Abril a la Comisión organizadora de dicha fiesta en Lluchmayor, excusando su asistencia al mitin que debía celebrarse como parte del programa. (Prescindo, porque no vale la pena, de anotar con sus correspondientes y sabrosos comentarios, que la invitación era obra de mis tremebundos y numerosos adversarios en su propósito de un Troya fuit, referido a mi persona y mi (…). Tenia todo el cómico aspecto de una conspiración en regla para lelegar por el camino más corto al generalato.)

Y vayamos al texto de la carta que copiada literalmente dice así:

Palma 17 Abril 1924

Al compañero Juan Oliver.- Lluchmayor

Querido amigo: Desde hace un par de años no tomo parte en mitines por convenir a mi salud, motivo por el cual no puedo aceptar vuestra invitación. Hubiera hecho un esfuerzo si éste 1º de Mayo hubiese encarnado el reverdecer del verdadero espíritu socialista en Lluchmayor, marchitado al parecer por años en toda Mallorca debido a causas que ni siquiera tenemos la buena voluntad de analizar porque las telarañas del buen sentido nos lo impiden. De socialismo en Mallorca no queda más que el recuerdo. Sólo nos sentimos socialistas en el momento de oír un discurso de Cordero o ante la lectura de un artículo de Prieto o una carta del venerable abuelo, sin que seamos capaces de seguir ninguno de sus sabios consejos. Si permanecemos en los organismos es por rutina o por “el qué dirán” sin que hagamos el más leve esfuerzo para incorporarnos a la Unión General y darles orientación socialista, de cuya disciplina hemos huido dando de baja del Partido nuestras agrupaciones. Estamos tan completamente fuera de la órbita de las ideas que ni átomo de autoridad tenemos para hablar de ellas ante las masas como no sean estas UN  REBAÑO DE BORREGOS que todo lo admitan. En punto a consecuencia y moral política estamos hundidos en un desastre. Ni siquiera las apariencias hemos sabido cubrir. UN ABRAZO CON D. JUAN MARCH EN PLENO DIA DE ELECCIONES Y EN MEDIO DEL BORNE DE PALMA NOS DELEITA MÁS QUE UNA VITORIA DE DIGNIDAD SOCIALISTA. De lo que fuimos no queda ni molde para la caricatura. Somos un montón de escombros de un edificio que cayó. ¿Quién tiene fuerza y autoridad para levantarlo otra vez? Los viejos, los fracasados, los que lo hemos echado abajo, debemos quedar al margen de la reedificación. La nueva obra ha de ser vuestra de los jóvenes, de los elementos que aún tienen autoridad y dignidad.

Perdona de este pequeño desahogo y manda de su amigo.- LORENZO BISBAL.

Al mes de ser yo empleado de don Juan March, este pequeño desahogo de mi amigo Bisbal, tuvo el poder de determinar mi actitud y mi conducta en relación con los socialistas oficiales”

oooOooo

Unos meses después aparecerían unos regocijantes ensayos literarios producto de la masturbación cerebral de unos jóvenes, que, tomándome a mí por blanco de sus iras juveniles, se entrenaban en enderezar filípicas y catilinarias, que no por dignas de mejor suerte, habrían dejado envidarles Demóstenes y Cicerón.

He aquí la muestra:

“Ya tocamos los frutos que nos ha legado un super-hombre sin escrúpulos no conciencia de ninguna clase, convertido al liberalismo, cínico, que ha hecho servir nuestra carne dócil de parapeto para salvar el estómago de algún endiosado estúpido, indigno de ostentar nombre humano y de pisar la tierra donde él vio la primera luz. Pero en fin consideremos a ese glotón con pretensiones de super como un caído eternamente, dejemos al miserable delincuente que ni siquiera vale la pena hablar de él.”

Y así, con ese plagio de folletón sencillamente escalofriante, quedaba yo de cuerpo presente, unido mi nombre al de Nerón, Calígula y Heliogábalo y en condiciones de ocupar el primer puesto en una manicomio o una cárcel, tan truculentos y espeluznantes habían sido, por lo visto, mis desaguisados y bellaquerías. Descolló también en esa lid periodística, pero éste ya en la edad de la madurez, el compañero A.B.C. de cuyo verdadero nombre no quiero acordarme, quien llegó a ver, a través de densos nubarrones, seguramente en un momento de alucinación mental, mi siniestra silueta de tránsfuga comerciando con los intereses del pueblo productor. Consideraciones de orden moral que el amigo A.B.C. quizá no sepa ni pueda comprender, detuvieron mi pluma y sellaron mis labios al ir a examinar a plena luz su simbólica y angelical figura.

Todo esto, naturalmente, no tenía ni tiene más importancia que la de haber sido recogido en las columnas de EL OBRERO BALEAR, poniendo a dura prueba la resistencia de la obra de un rebaño de borregos, y mientras se me preparaba el primer puesto en la Casa del Pueblo.

oooOooo

Además, y para terminar, público y notorio fue mi apoyo a la candidatura liberal en las pasadas elecciones. No me arrepiento, ni me acusa mi conciencia de haber cometido ni causado ningún mal. No entendiéndolo así los socialistas “oficiales”, se juzgó como un delito esa actitud. Incursos en el varios de los elementos más significados de la Agrupación de Palma fueron condenados a la expulsión. De hecho quedaba yo comprendido en igual caso. Fracasaron previamente cuantos arreglos, honrosos para ambas partes, se intentaron. Consumado el hecho parecía el mal irremediable. Se me depasó una oportunidad y propuse un borrón y cuenta nueva. En este propósito inspire el artículo sacado ahora a colación. Mi primer objetivo, al trasladarme a Palma, era un nuevo intento de arreglo. Necesitaba yo y necesito aún ese borrón para ser anotado como primera partida en cuenta nueva. A ello me obliga, mi manera de entender el compañerismo y la nobleza que procuro poner en todos mis actos.

Por lo apuntado, queda, a mi entender, evidentemente demostrado, que no hay en mi conducta apostasía ni claudicaciones, sino simplemente horror a ese rescoldo de malas pasioncillas que tanto nos cuesta expulsar de nuestro pecho.

Y de sobra comprenderá, el amigo Bisbal, que a los treinta y siete años de edad y veinte de lucha no se cae uno del nido ni se huyo del fuego para dar inocentemente en las brasas.

Y resignémonos a que arregle el tiempo lo que no supimos o no quisimos arreglar los hombres.

J. Monserrat Parets.

Palma, Mayo 1925

EL OBRERO BALEAR nº 1204

8 de mayo de 1925