(Placetas, Villa Clara, 9
de julio de 1887 – Alcocero, Burgos, 3 de junio de 1937) fue un
militar español, uno de los líderes de la rebelión militar de 1936 con
que dio comienzo la Guerra Civil Española.
Reseña biográfica
Mola nació en Cuba, todavía colonia española, donde
su padre, capitán de la Guardia Civil destinado allí, estaba destacado
y donde se había casado con una mujer cubana.
Tras el
desastre español de 1898, la familia
regresa a España. El 28 de agosto de 1904, Emilio ingresa en la Academia de Infantería de Toledo en 1904. Tras su formación y su
graduación como teniente en 1907, época en la que dirigía dicha
Academia el coronel Jose Villalba Riquelme, fue destinado al
Regimiento de Infantería de Bailén, y después sirvió en la
guerra
colonial española de Marruecos, en el Regimiento de Infantería de
Melilla, donde recibió la Medalla Militar Individual por la campaña de
1909 y donde se convirtió en una autoridad en asuntos militares. El 1
de agosto de 1911 entró de oficial en las Fuerzas Regulares Indígenas,
con las que participó en las operaciones de la llanura del Zaio. En
mayo de 1912 fue herido de gravedad en el muslo derecho, lo que le
supuso su primer ascenso por méritos de guerra a capitán.
Al reponerse, fue enviado al Regimiento de
Infantería de Ceriñola, con el que volvería a Izhafen, Imarufen y
Talusit, y lucharía también en la zona de Tetuán, en la que
conseguiría su segunda ascenso, ahora a comandante, por méritos de
guerra.
En 1915 es destinado al Batallón de Cazadores
Alba de Tormes en Barcelona, y dos años y medio después pasaría
por Madrid y luego a Ceuta como Juez de Causas
de su
Comandancia General.
Al mando del Grupo de Regulares de Ceuta nº 3
participa en diversas batallas en octubre de 1919 y en 1920: Malalien,
Wad Ra, Alcázar Seguer, Kudia Tahar, Alad Lau, Kobba d'Arsa, etc.
En junio de 1921 es ascendido a teniente coronel y
es destinado al Regimiento de Infantería de Andalucía en Santander.
Tres meses después, es llamado a cubrir la vacante al frente de los
Regulares de Melilla, volviendo a participar en importantes
operaciones militares, como la de Dar Accoba. Gracias a la evacuación
de la zona de Larache. Mola es ascendido por méritos de guerra a coronel y
alcanzando el mando del Regimiento de Infantería de Melilla, con el
que participaría en el
Desembarco de Alhucemas.
En 1927, con cuarenta años, es ascendido a general
de brigada y se hace cargo de la Comandancia General de Larache.
Mola fue también Director de Seguridad en 1930, un
puesto político donde sus ideas conservadoras le hicieron muy
impopular entre la oposición socialista y liberal; una de sus labores
más relevantes en el cargo fue la reorganización del
Cuerpo de
Policía, entre las que se incluía la creación de la denominada
Guardia
de Asalto.
Durante la República, Mola es encarcelado y
separado del servicio activo tras asociársele a la sublevación del
general
Sanjurjo en 1932,
pasando a la segunda reserva. Los problemas económicos que se
derivaron de la suspensión de sueldo, lo llevaron a hacer juguetes y a
escribir en distintos medios para conseguir algo de dinero.
En 1933, Mola es amnistiado y regresa al ejército,
colaborando en el Estado Mayor Central con
Franco y otros. En 1935
accede al mando de la Comandancia Militar de Melilla y luego es
nombrado Jefe Superior de las Fuerzas de Marruecos.
Tras su llegada al poder, en febrero de 1936, el
gobierno del
Frente Popular trasladó a varios mandos militares para
tratar de desmontar la conspiración militar en ciernes. Mola fue
nombrado gobernador militar en Pamplona, por considerarse ésta un
lugar alejado donde permanecería al margen de los asuntos políticos.
Mola pronto se uniría al grupo de oficiales que
planeaban un golpe para derrocar el régimen republicano. Así, el
cambio de destino hizo que varios militares de alta graduación
coincidieran en Madrid a primeros de marzo y allí designaran al Emilio
Mola como cabeza para preparar la insurrección militar, cuando este se
dirigía al nuevo destino en Pamplona. El general Mola llegó a Navarra
el 14 de marzo de 1936. Por mediación de Raimundo García García "
,
los carlistas se pusieron en contacto con Mola en mayo. Tras varias
reuniones se produjo un acuerdo, con la disposición a secundar la
rebelión militar por parte de los requetés. Fue Mola quien, bajo el
pseudónimo de Director,
envió las instrucciones secretas a las unidades militares
comprometidas en el levantamiento. Después de varios retrasos, se
eligió el 18 de julio de 1936 como fecha para comenzar el golpe. A
pesar del éxito de la rebelión en el protectorado de Marruecos, Mola
esperó hasta el 19 de julio para levantarse en Navarra.
Su planteamiento para iniciar el golpe de Estado y
una vez iniciado queda reflejado en sus instrucciones reservadas. Así
consta en la instrucción reservada nº 1, firmada por Mola en Madrid el
25 de mayo de 1936 que decía:
Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en
extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es
fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los
directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no
afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos
individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas.[1]
El 19 de julio de 1936, iniciado el golpe, decía
también Mola:
Hay que sembrar el terror...hay que dejar la
sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos
los que no piensen como nosotros.
[2]
En la noche del 18 al 19 de julio mantuvo una
conversación telefónica con
Diego Martínez
Barrio (Presidente del Gobierno por unas horas), en la que este le
pidió que se atuviera a la más estricta disciplina para evitar los
horrores de una guerra que estaba comenzando a desencadenarse. Mola no
accedió argumentando que era demasiado tarde y no podía volverse
atrás.
El golpe fracasó en su objetivo de controlar la
mayor parte de España, pero buena parte del ejército lo apoyó y la
situación evolucionó rápidamente hacia una guerra civil. Tras la
muerte de
Sanjurjo en Portugal, en accidente aéreo, el 20 de julio,
Francisco Franco fue elegido comandante del ejército sublevado,
así como jefe del Estado en la zona controlada por éste. Mola fue
nombrado máximo responsable del Ejército del Norte.
Mola murió el 3 de junio de 1937 cuando su avión se
estrelló (en la actual localidad de Alcocero de Mola), durante un
temporal regresando a Vitoria. Las muertes de Sanjurjo y Mola dejaron
a Franco como el único líder indiscutible del bando nacional. Esto
levantó rumores que apuntaban a Franco como instigador de las muertes
de sus dos rivales, pero no se ha descubierto evidencia alguna al
respecto.
En el apartado de curiosidades, destaca su afición
por la fotografía. Era frecuente verlo con cámaras fotográficas
capturando todo tipo de imágenes. El poeta chileno Pablo Neruda dedicó
al general unos de sus más feroces versos en su libro