Repensar la izquierda
Jordi Guillot
El
profesor Monedero define a las sociedades
desarrolladas como sociedades con altos niveles de
descontento y desconcierto, y yo le añadiría con
izquierdas desorientadas. Estas tres “des” explican
el auge del populismo de derechas. En España, hoy,
todas las encuestas son favorables a los partidos de
derecha. Esta es la cruda realidad con la que
afrontamos el próximo calendario electoral. Hay que
reaccionar. Sin despreciar los procesos de reflexión
abiertos en los partidos, considero que debe emerger
un nuevo protagonista; la izquierda difusa, es
decir, los miles de hombres y mujeres que han
militado en la izquierda y que se sienten hoy
huérfanos de cualquier sigla, junto con gente, sobre
todo joven, que, sin haber pasado por ninguna
organización política, se siente comprometida con
los ideales de la transformación social.
Sólo sabremos qué le pasa a la izquierda si conocemos lo que pasa en la sociedad y, a partir de este diagnóstico, construimos un proyecto de ilusión, confluencia y articulación de todos aquellos hombres y mujeres que se sienten identificados en la apuesta por el federalismo y la sostenibilidad social y ecológica. Debemos afrontar con decisión e imaginación múltiples retos. Para mí los más centrales son la crisis de lo colectivo –crisis previa a la desafección de la política– y la crisis económica, entendida esta como una crisis del modelo productivo imperante, insostenible social y ecológicamente. Si realmente queremos controlar la economía y organizar la libertad, el principal objetivo es recuperar la centralidad de la política.
Hablar hoy de España y de la izquierda necesaria es hablar de federalismo y ecologismo (o ecosocialismo o izquierda verde, tanto da el nombre si nos referimos a lo mismo, un proyecto de equidad social y sostenibilidad ecológica).
España es plural, pero para poder ejercer esta
pluralidad es necesaria una propuesta federal para
el Estado, propuesta que hoy brilla por su ausencia.
La conflictividad territorial es una de las grandes
victorias de la derecha, ya sea central o
periférica, y uno de los grandes impedimentos en la
formulación de causas comunes, que nos convoquen,
sin distinción del origen territorial, en los
procesos de reordenamiento del Estado español y en
la construcción europea. Construir identidades
propias laicas sólo es posible desde el federalismo.
Reivindicar lo propio sólo es positivo desde el
federalismo. Aportar solidariamente sólo es
comprensible desde el federalismo.
Hay que incorporar el ecologismo como programa y
como seña de identidad. Nunca he entendido las
resistencias de ciertos sectores de la izquierda
clásica a hacerlo. A lo mejor es por eso, por ser
clásica. Los límites al desarrollo, la
responsabilidad intergeneracional, los criterios de
sostenibilidad, la alerta temprana respecto a los
graves riesgos de infarto ecológico, cambio
climático, el debate abierto sobre el decrecimiento,
representan en su conjunto un nuevo ideario y un
nuevo proyecto de sociedad. La propuesta del “green
new deal” es hoy la única alternativa planteada para
garantizar que el modelo económico poscrisis se
oriente hacia un modelo sostenible. De avanzar hacia
una economía libre del carbono. El fundamento de
este “green new deal” es sencillo: utilizar el gasto
público para impulsar la economía favoreciendo la
inversión en nuevos sectores que protejan el medio
ambiente, lucha contra el cambio climático y
creación de nuevos trabajos verdes. Junto con el
feminismo, el ecologismo ha sido una de las grandes
revoluciones de la segunda mitad del siglo XX.
Tomémoslo en serio, y más cuando en España existe un
rico, complejo y combativo ecologismo social.
Es necesario hacer emerger nuevos protagonistas que expliquen de manera alternativa la realidad y ofrezcan nuevas soluciones a los viejos y nuevos problemas. En España, digan lo que digan los pesimistas, sinceros o interesados, hay la suficiente capacidad intelectual y energía social y política para poder salir de este marasmo. No podemos ni queremos resignarnos a quedar reducidos a las estrechas paredes de lo que hoy representan los partidos si no queremos, los que militamos en alguno de ellos, que las paredes se nos acaben cayendo encima. Hay que abrirse. Nuestra ambición debe ir más allá de nuestra viabilidad electoral. Hay que pretender liderar los debates presentes en nuestra sociedad en estos momentos de desconcierto y descontento. Hay que reorientarse.
Previo al qué hacer es el por dónde empezar. Creo que lo más sencillo y práctico es constituir una fundación que sea espacio de encuentro, reflexión y también de movilización. Convocar a todas las personas interesadas y darles voz y protagonismo. Una fundación de ámbito estatal integrada no por partidos, sino por personas a título individual. Y hacer girar la rueda, ampliando los espacios de debate y reflexión. Estoy convencido de que, si hay ideas, estas siempre encuentran la forma de organizarse.
Dicen que las crisis pueden ser oportunidades. Esta que padecemos, hoy por hoy, no lo es. Los mismos causantes de la crisis lideran su respuesta. Es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para que esto no sea así. Y para ello necesitamos soluciones y fuerzas. Y si no las tenemos por nosotros mismos, cosa bien evidente, hay que buscarlas fuera. Es por eso que es estrategia de ICV colaborar para articular el inicio de un espacio de debate, propuesta y articulación de lo que los italianos llamarían “il popolo di sinistra”, el pueblo de izquierdas.
Jordi Guillot es vicepresidente de ICV y senador
Ilustración de Iker Ayestaran
14/03/2010
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