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Guillermo II (Wilhelm II
en alemán),
Friedrich Wilhelm Viktor Albrecht von Hohenzollern (27
de enero de
1859 – † 4 de
junio de 1941)
fue el último emperador alemán
Káiser
y el último rey
König
de Prusia.
Gobernó entre
1888 y 1918.
Hijo de
Federico III y de la princesa
Victoria de
Gran Bretaña, fue proclamado emperador, tras el breve reinado de su
padre.
Primeros años
Guillermo nació en Berlín.
Era hijo de
Federico III de Alemania y de su esposa
Victoria. Su madre era tía de la emperatriz de Rusia
Alexandra Fyodorovna Romanov, esposa del zar
Nicolás II, y hermana de
Eduardo VII del Reino Unido. Nació con una deformidad del brazo,
debido a dificultades en el parto.
Análisis recientes de documentos sobre su nacimiento,
almacenados en los Archivos Imperiales, han sugerido que Guillermo II pudo
también haber experimentado trauma cerebral. Los historiadores no han
podido determinar si tal incapacidad mental pudo haber contribuido a su
agresividad, testarudez y falta de tacto con las personas y a la hora de
enfrentar problemas, lo cual era evidente en su vida política y personal.
Tal enfoque ciertamente estropeó la política alemana bajo su liderazgo,
ejemplificándose principalmente en eventos como el despido del cauteloso
Otto von Bismarck. El kaiser tuvo una relación difícil con su madre,
quien era fría con él, y se sentía en cierta manera culpable por la
deformidad de su hijo, tratando en muchas ocasiones de corregirla a través
de un riguroso régimen de ejercicio. Resulta interesante que, dados sus
orígenes ingleses, Victoria haya tratado de inculcar en su hijo un sentido
de supremacía británica en muchos aspectos. Insistía en llamar a sus hijos
por sus nombres en inglés: a Wilhelm lo llamaba "William" y a su segundo
hijo Heinrich le llamaba "Henry". El futuro kaiser sentía un profundo
respeto por
Gran Bretaña y por los ingleses. Esto se dio desde las etapas más
tempranas de su desarrollo.
Guillermo fue educado en Kassel en el instituto
Friedrichsgymnasium y en la
Universidad de Bonn. Guillermo poseía una
mente muy ágil, que era frecuentemente opacada por su temperamento
cascarrabias. Tenía cierto interés por la ciencia y la tecnología del
periodo, pero gustaba de hacer notar a la gente que él era un hombre del
mundo, perteneciente a un orden distinto de la raza humana, designada a la
monarquía. Guillermo era acusado de megalomanía, en 1894, por el
pacifista alemán
Ludwig Quidde.
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Guillermo con su padre en 1863
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.jpg/250px-Wappen_Deutsches_Reich_-_Reichswappen_(Grosses).jpg)
Escudo de armas grande del Emperador Alemán (1871-1918) |

Guillermo II y su primera esposa
Augusta Victoria. |
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Como vástago de la casa real de
Hohenzollern, Guillermo estuvo, desde una edad temprana, expuesto a la
sociedad militar de la aristocracia prusiana.
No es necesario mencionar que esto fue un elemento importantísimo en su
vida, ya que se puede notar con facilidad que en su madurez era raro verlo
sin el uniforme militar. Esta cultura militar del periodo tuvo un gran
papel al forjar el carácter político de Guillermo, así como sus relaciones
personales.
La relación de Guillermo con los demás miembros de su familia era tan
interesante como la que tenía con su madre. Veía a su padre con un
profundo amor y respeto. La posición de su padre como héroe de las guerras
de unificación fue responsable de la actitud del joven Guillermo, ya que
en las circunstancias en las que fue criado, el contacto emocional cercano
entre padre e hijo no era muy alentado. Más tarde, cuando estuvo en
contacto con los opositores políticos de su padre, Guillermo adoptó
sentimientos ambivalentes hacia su padre, dada la notable influencia de su
madre sobre una figura que debió haber sido de independencia masculina y
de fuerza.
Guillermo también idolatraba a su
abuelo, Guillermo I de Alemania, y posteriormente intentó implementar una
cultura del primer emperador alemán como Guillermo
el Grande. Guillermo
I murió en
Berlín el 9 de marzo de 1888, y el
padre del príncipe Guillermo fue proclamado emperador como
Federico III de Alemania. Federico murió de cáncer de garganta, y el
15 de junio de ese mismo año, su hijo de 29 años lo sucedió como Emperador
de
Alemania y Rey de Prusia.
Vida social y política de 1888 a 1900
Aunque en su juventud había sido un gran admirador de
Otto von Bismarck, la impaciencia
característica de Guillermo lo llevó rápidamente a un conflicto con el
Canciller de Hierro, la figura
dominante en la fundación de su imperio. Además, el joven emperador tenía
la determinación de reinar y administrar al mismo tiempo, a diferencia de
su abuelo, que solía encargar la administración diaria al brillante
Bismarck.
Los primeros conflictos entre Guillermo II y su canciller pronto
envenenaron la relación entre los dos hombres. Bismarck creía que
Guillermo era un hombre ligero, que podía ser dominado, y mostraba respeto
por las ambiciones de éste en la década de 1880. Luego
de un intento de Bismarck de introducir una ley anti-socialista de largo
alcance a principios de la década de 1890, la
separación final entre el monarca y el hombre de estado ocurrió pronto.
Guillermo no estaba dispuesto a iniciar su reinado con una masacre al por
mayor de trabajadores industriales, y despidió a Bismarck en 1890.
Guillermo designó a
Leo von Caprivi para tomar el lugar de Bismarck, que posteriormente
fue sustituido por el
Príncipe Chlodwig zu Hohenlohe-Schillingsfürst
en 1894. Al designar a Caprivi y luego a
Hohenlohe, Guillermo se embarcaba en lo que
se conoce como el nuevo curso,
por medio del cual esperaba ejercer una decisiva influencia en el gobierno
del imperio. Los historiadores debaten acerca del grado de éxito que tuvo
Guillermo al implementar el
gobierno
personal en su época. Pero queda clara la diferencia que existía entre la
corona y el canciller en el periodo de Guillermo II. Estos cancilleres
eran servidores civiles veteranos, no eran hombres de estado, políticos,
como
Bismarck lo fue. Guillermo quiso evitar el resurgimiento de Bismarck,
el canciller de Hierro,
a quien detestaba, llamándolo
viejo grosero y
aguafiestas. Bismarck jamás había permitido a ningún ministro ver en
persona al emperador sin estar él presente, manteniendo así su influencia
y su poder político. Luego de su retiro forzado, hasta el día de su
muerte, Bismarck se convirtió en un duro crítico de las políticas de
Guillermo, pero sin el apoyo del árbitro supremo de todas las
designaciones políticas (el emperador), había poca oportunidad para que el
viejo canciller pudiera ejercer alguna influencia.
Algo que Bismarck pudo lograr fue
la creación del Mito Bismarck. Esta
visión (que algunos dirían que fue confirmada por eventos subsecuentes)
sostenía que con el despido de Bismarck, Guillermo II había destruido
cualquier posibilidad de que Alemania tuviera un gobierno estable y
efectivo. Desde este punto de vista, el
nuevo curso de Guillermo se
caracterizó por al descontrol del gobierno alemán, eventualmente
conduciendo a la nación por una serie de crisis a los horrores de las dos
guerras mundiales. Pero en realidad, Guillermo estuvo probablemente en lo
correcto al despedir a Bismarck, un hombre cuyas habilidades políticas
estaban disminuyendo y que se había vuelto peligrosamente hostil con los
elementos socialistas dentro del
Reich.
Vida social y política de 1900 a 1914
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En esta fotografía sostiene con una
mano su mano paralizada, ocultándola. En muchas otras fotografías
porta un par de guantes blancos en su mano izquierda para hacer ver al
brazo más largo. En otras tiene el brazo paralizado en el puño de una
espada o agarrando una caña para dar el efecto del miembro, siendo
puesto en equilibrio en un ángulo digno. |
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Tras el despido de
Hohenlohe en 1900, Guillermo designó
canciller al hombre a quien llamaba
su propio Bismarck, el príncipe
Bernhard von Bülow. Guillermo esperaba encontrar en
Bülow un hombre
que combinara la habilidad del
Canciller de Hierro con el respeto a los
deseos del Kaiser, lo que permitiría al imperio ser gobernado como creyera
conveniente. Guillermo ya había notado el enorme potencial de
Bülow, y
muchos historiadores piensan que su designación como canciller no fue más
que la conclusión de un largo periodo de "arreglos". Sin embargo, durante
la década siguiente, Guillermo se desilusionó de su decisión, y en vista
de la oposición de Bülow sobre el
Asunto del Daily Telegraph de 1908 y
otros más, el Kaiser despidió a Bülow y designó en su lugar a
Theobald von Bethmann-Hollweg en 1909.
Bethmann era un burócrata de profesión, y con cuya familia había
permanecido Guillermo cuando era joven. El Kaiser llegó a sentir un gran
respeto por Bethmann-Hollweg, pero a pesar de eso, no estuvo de acuerdo
con ciertas políticas de Bethmann, tales como sus intentos de reformar las
leyes electorales prusianas.
La participación de Guillermo en la esfera doméstica estuvo más
limitada a principios del siglo XX que lo que había estado a principios de
su reinado. Esto se debió, en parte, a la designación de
Bülow y Bethmann
(hombres de mucho más carácter que los primeros cancilleres de Guillermo),
pero también se debió a su creciente interés por los asuntos exteriores.
Política exterior de 1888 a 1914
La política exterior alemana durante el reinado de Guillermo II
enfrentó varios problemas significativos. Probablemente el más aparente
fue que Guillermo, un hombre impaciente por naturaleza, subjetivo en sus
reacciones y afectado fuertemente por sus impulsos y sentimientos, no
estaba personalmente preparado para conducir la política exterior alemana
por un camino racional. Esta debilidad también lo hacía vulnerable a la
manipulación por intereses de la élite de la política exterior alemana, y
eventos subsecuentes lo demostrarían.
Luego del despido de
Bismarck, Guillermo y su nuevo canciller se
dieron cuenta de la existencia del
Tratado de Reaseguro con el
Imperio Ruso, el cual era secreto y había sido concluido por
Bismarck en 1887. La
negativa de Guillermo de renovar este acuerdo (que garantizaba la
neutralidad de
Rusia en caso de un ataque por Francia)
fue vista por muchos historiadores como la peor ofensa cometida por
Guillermo en términos de política exterior. En realidad, la decisión de
permitir el vencimiento del tratado fue principalmente responsabilidad de
Caprivi, aunque Guillermo apoyaba las acciones de su canciller. Es
importante no sobreestimar la influencia del Emperador en materia de
política exterior después del despido de Bismarck, pero es cierto que su
participación contribuyó a la falta general de coherencia y consistencia
de la política del
Imperio Alemán con otras potencias.
Un ejemplo típico de esto fue su relación de "amor-odio" con el
Reino Unido, y en particular con sus primos británicos. Un conflicto
armado con Gran Bretaña nunca fue totalmente descartado por Guillermo,
quien a menudo abrigaba sentimientos anti-británicos dentro de los
principales ámbitos del gobierno alemán, a pesar de lo que su madre le
había inculcado en su juventud. Cuando la guerra estalló en 1914,
Guillermo creyó sinceramente que era víctima de una conspiración
diplomática fraguada por su tío
Eduardo VII del Reino Unido, en la cual Gran Bretaña había buscado
activamente "rodear" a Alemania a través de la conclusión de la
Entente Cordiale con Francia en 1904 y un
acuerdo similar con Rusia en 1907. Esto es un indicativo del hecho de que
Guillermo tenía un sentimiento bastante irreal sobre la importancia de la
diplomacia personal
entre los monarcas europeos, y no podía comprender que la totalmente
diferente posición constitucional de sus primos británicos hacía esto
bastante irrelevante.
Similarmente, él creía que su relación personal con su primo el zar
Nicolás II de Rusia era suficiente para evitar la guerra entre los dos
países. Durante una reunión privada en Björkö en
1905, Guillermo concluyó un acuerdo con su primo. El Kaiser ascendió
dicho acuerdo a un tratado de alianza, sin antes consultarlo con Bülow.
Una situación similar confrontó el zar
Nicolás durante su regreso a
San Petersburgo, y el tratado era, como resultado, inválido. Pero
Guillermo creyó que Bülow lo había traicionado, y ese hecho contribuyó al
creciente sentimiento de insatisfacción hacia el hombre que consideró que
sería su más leal sirviente. En términos muy similares a los de la
diplomacia
personal en Björkö, sus intentos por evitar una guerra con Rusia por medio de un
intercambio de telegramas con
Nicolás II en los últimos días antes del
estallido de la
Primera Guerra Mundial no surtieron efecto debido a la realidad
política de las potencias europeas. Sus intentos por atraer a Rusia
estaban seriamente fuera de lugar a causa de la existencia de sus
compromisos con
Austria-Hungría. En caballerosa fidelidad a la alianza con Austria,
Guillermo informó al emperador austriaco
Francisco José en 1889 que
el día de la movilización
austrohúngara sería también el día de la movilización alemana.
En caso de darse esta movilización austriaca, era más probable que se
diera en contra de Rusia, por tanto, una política de alianza con Rusia y
Austria a la vez era imposible.
Actualmente, es ampliamente reconocido que los diversos actos
espectaculares que Guillermo llevó a cabo en la esfera internacional eran
a menudo parcialmente alentadas por la élite alemana de política exterior.
Hubo un número de excepciones clave, tales como el famoso
telegrama Kruger de Transvaal
sobre la supresión de
la redada de Jameson, agravando así
la opinión pública británica. Aunque su impacto total se sintió años
después, su discurso del 27 de Julio de 1900, en el
que se exhortó a las tropas alemanas que habían sido enviadas para calmar
la
Rebelión de los Bóxers a emular a los
antiguos hunos (hagan que la
palabra "Alemán" sea recordada en China durante mil años, de forma que
ningún chino vuelva a atreverse siquiera a mirar mal a un alemán), es
otro ejemplo de su desafortunada inclinación a sus expresiones públicas
impolíticas.
Probablemente,
el error personal más dañino cometido por Guillermo en la esfera de la
política exterior tuvo más impacto en Alemania que en el resto del mundo.
El asunto del
Daily Telegraph de 1908 se
derivó de la publicación de ciertas opiniones de Guillermo en una edición
del diario británico de ese nombre. Guillermo vio esto como una
oportunidad para promover sus ideas y puntos de vista en cuanto a la
relación diplomática entre Alemania y el Reino Unido, pero en su lugar,
debido a sus arrebatos emocionales durante la entrevista, Guillermo
terminó negando no sólo a los británicos, sino también a los rusos,
franceses y
japoneses, sosteniendo que a los alemanes no les importaban los
británicos; que los franceses y los rusos habían tratado de instigar a
Alemania a intervenir en la
Segunda Guerra de los Bóer; y que el desarrollo naval alemán estaba
enfocado a frenar a los japoneses, no a los británicos. El efecto en
Alemania fue bastante masivo, con serias llamadas para su abdicación
mencionadas en la prensa. Comprensiblemente, Guillermo mantuvo un perfil
muy bajo luego del fiasco del
Daily Telegraph, y posteriormente concretó
su venganza forzando la renuncia del príncipe von Bülow, quien había
abandonado el Emperador a la crítica pública asumiendo públicamente cierta
responsabilidad por no haber editado la transcripción de la entrevista
antes de su publicación.
La crisis del
Daily
Telegraph hirió profundamente la previamente dañada autoconfianza de
Guillermo, tanto que pronto sufrió de depresión clínica severa, de la cual
nunca se recuperó realmente. A patir de ese momento perdió mucha de la
influencia que con anterioridad había ejercido en términos de política
exterior y doméstica.
En algunos casos, los errores diplomáticos de Guillermo II eran parte
de una política de más alcance emanada de la élite gobernante alemana. Una
de tales acciones detonó la Primera Crisis de Marruecos
en 1906, cuando
Guillermo fue persuadido (muy en contra de sus deseos) a realizar una
espectacular visita a Marruecos. Su presencia fue vista como una aserción
de los intereses alemanes en Marruecos, e incluso hizo ciertas
afirmaciones a favor de la independencia de Marruecos en un discurso. Esto
lo condujo a una cierta fricción con Francia, que tenía intereses
coloniales en ese país. Sin embargo, nada de lo que Guillermo II hizo en
el ámbito internacional tuvo más influencia que su decisión de llevar a
cabo una política de construcción naval masiva.
Expansión naval
Una armada poderosa era el principal proyecto de Guillermo. Había
heredado de su madre el amor por la Royal Navy británica (la más poderosa del mundo) y cierta vez confesó a su
tío
Eduardo VII que su sueño era tener
una flota propia algún día,
como los británicos. Guillermo se sentía frustrado debido a que la flota
alemana era escasa en comparación con la flota británica, así como por su
incapacidad de ejercer una influencia alemana en Sudáfrica. Luego del
escándalo del telegrama Kruger, Guillermo
comenzó a emprender acciones para iniciar la construcción de una flota que
pudiera rivalizar con la de sus primos británicos. Guillermo tuvo la
fortuna de llamar a su servicio al dinámico oficial naval
Alfred von Tirpitz, a quien designó comandante general de la
Oficina
Naval del Reich en 1897.
El nuevo almirante había
concebido lo que más tarde fue conocido como el
plan Tirpitz, por medio del cual Alemania podría forzar a Gran
Bretaña a acceder a sus demandas en el ámbito internacional a través de la
amenaza de una flota poderosa concentrada en el
Mar del Norte. Tirpitz disfrutaba del total apoyo de Guillermo en el
apoyo de cuentas navales sucesivas de 1897 y 1900, por
medio de las cuales la armada alemana se reforzaba para contender con la
armada británica. La expansión naval en ese periodo eventualmente causó en
Alemania severas crisis financieras para 1914.
Guillermo se enfocó en la construcción de acorazados de gran tamaño.
La crisis de Sarajevo y el ultimátum de
Austria-Hungría a Serbia
Guillermo era un amigo cercano del
archiduque
Francisco Fernando y estuvo profundamente conmocionado por su
asesinato el 28 de junio de 1914 (véase
Atentado de Sarajevo). Guillermo ofreció su apoyo a
Austria-Hungría para desmantelar la organización secreta que había
planeado el asesinato e incluso sancionó el uso de la fuerza por parte de
Austria contra la presunta fuente del movimiento: Serbia.
Quería permanecer en Berlín hasta que la crisis fuera resuelta, pero su
corte lo persuadió a ir a su crucero anual por el Mar del Norte el 6 de
Julio de 1914. Probablemente se sabía que su presencia sería útil para
aquellos elementos en el gobierno que deseaban sacar provecho de esta
crisis para aumentar el prestigio de Alemania, incluso con el riesgo de
una guerra general, algo a lo que Guillermo era extremadamente
aprehensivo.
Guillermo hizo intentos erráticos para permanecer informado de la
crisis por medio de telegramas, y cuando el ultimátum austrohúngaro se
entregó a Serbia, se apresuró a volver a Berlín. Sin que Guillermo lo
supiera, los ministros y generales austrohúngaros ya habían convencido a
Francisco José, de 84 años, que firmara una declaración de guerra contra
Serbia.
La Gran Guerra
Es difícil argumentar que Guillermo buscase activamente desatar la
Primera Guerra Mundial. A pesar de que tenía ambiciones para que el
Imperio Alemán fuera una potencia mundial, nunca fue intención de
Guillermo conjurar un conflicto de gran escala para lograr tales fines. A
pesar de saber que una guerra mundial era inminente, hizo grandes
esfuerzos para preservar la paz, como su correspondencia con
Nicolás II y
su interpretación optimista del ultimátum austrohúngaro, de que las tropas
de esa potencia no irían más lejos de Belgrado, limitando así el
conflicto. Pero cuando ya era demasiado tarde, para los ansiosos oficiales
militares y para la Oficina de Asuntos Exteriores de Alemania fue posible
persuadir al Kaiser de que firmara la orden de movilización. La referencia
británica contemporánea de la
Primera Guerra Mundial de ser
la Guerra del Kaiser, de la misma manera que la
Segunda Guerra Mundial fue llamada
la
Guerra de Hitler, es vista
actualmente como infundada (y hasta cierto punto injusta) al sugerir que
Guillermo fuera personalmente culpable de desatar el conflicto. Se dice
que al firmar la orden de movilización, Guillermo exclamó:
se arrepentirán de esto,
caballeros.
La sombra del Kaiser
El papel de árbitro en los asuntos de política exterior en tiempos de
guerra probó ser una carga demasiado pesada para Guillermo. A medida que
la guerra progresaba, su influencia decaía e, inevitablemente, su falta de
habilidad en materia militar lo condujo a una progresiva dependencia de
sus generales, tanto que después de 1916, el Imperio se había convertido
en una dictadura militar bajo el control de
Paul von Hindenburg y
Erich Ludendorff. Alejado de la realidad y del proceso político de
toma de decisiones, Guillermo vacilaba entre el derrotismo y los sueños de
victoria, dependiendo de la fortuna de "sus" ejércitos. Continuó siendo
una útil figura, viajaba por las líneas del frente, repartía medallas y
daba alentadores discursos.
No obstante, Guillermo seguía teniendo la máxima autoridad en materia
de designaciones políticas, y sólo con su consentimiento se podían hacer
cambios importantes en el Alto Mando. Guillermo estaba a favor del despido
de Helmut von Moltke en 1915 y de su
reemplazo por Erich von Falkenhayn. Similarmente, Guillermo fue
instrumento de la política de inactividad adoptada por la Flota de Alta
Mar alemana luego de la batalla de Jutlandia en
1916. De la misma forma, en gran medida se debe a su sentido de
sufrimiento que Guillermo haya tratado de tomar un papel predominante en
la crisis de 1918.
Se dio cuenta de la necesidad de un
armisticio y no consideraba que Alemania debería desangrarse por una
causa perdida.
Abdicación y huida
Guillermo se encontraba en el cuartel general del Ejército Imperial en
Spa (Bélgica) a finales de 1918. El
motín de Wilhelmshaven, surgido en la
Kaiserliche Marine (marina imperial alemana) lo conmocionó
profundamente. Luego del estallido de la
Revolución Alemana, Guillermo no podía decidirse acerca de si abdicar
o no. Hasta ese punto, confiaba que incluso si era obligado a abandonar el
trono alemán, aún tendría el control sobre el reino de Prusia, manteniendo
su título. La irrealidad de esto fue revelada cuando, con el fin de
preservar alguna forma de gobierno en tiempos de anarquía, la abdicación
de Guillermo como Emperador de Alemania y como rey de Prusia fue anunciada
por el Canciller, el príncipe Max von Baden, el 9 de noviembre de 1918. De hecho, el mismo
von Baden
fue obligado a renunciar más tarde ese mismo día, cuando quedó claro que
sólo
Friedrich Ebert, líder del
SPD, podría
ejercer un control efectivo.
Guillermo aceptó la abdicación sólo después de que
Ludendorff fuera
reemplazado por el general
Wilhelm Groener. Éste último le informó que el ejército se retiraría
bajo las órdenes de
Hindenburg, pero que no lucharía para ayudar a
Guillermo a recuperar el trono. La monarquía había perdido a su último y
más fuerte apoyo, y finalmente el mismo
Hindenburg (que estaba a favor de
la monarquía) fue obligado (con cierta vergüenza) a aconsejar al Emperador
que presentara su abdicación.
Al día siguiente, el ex-emperador Guillermo II cruzó la frontera
alemana en tren para su exilio en los
Países Bajos, que se había mantenido neutral durante la guerra. Tras
la conclusión del
Tratado de Versalles en 1919, el artículo
227 del mismo estipulaba la persecución legal contra Guillermo
por haber cometido una ofensa suprema en contra de la moralidad
internacional y la santidad de los tratados, pero la
Reina Guillermina se rehusó a extraditarlo, a pesar de las apelaciones
por parte de los Aliados. El emperador se asentó en Amerongen, y luego se
le otorgó un pequeño castillo en la municipalidad de Doorn, el cual fue su
hogar por el resto de su vida.
Vida en el exilio
En 1922, Guillermo publicó el
primer volumen de sus memorias, un pequeño volumen que, sin embargo,
reveló la extraordinaria memoria de Guillermo. En ellas afirmaba Guillermo
que no era el culpable de haber desatado la Gran Guerra y defendía su
conducta a lo largo de su reinado, especialmente en materias de política
exterior. Durante los 20 años restantes de su vida, el envejecido
emperador regularmente entretenía a sus huéspedes y se mantenía informado
de los acontecimientos. Gran parte de su vida en el exilio pasó cortando
madera (un pasatiempo que descubrió desde que llegó a los Países Bajos).
Parecería que su actitud hacia Gran Bretaña y los ingleses finalmente se
unió en este período en un deseo tibio de emular las costumbres inglesas.
Se dice que lo primero que Guillermo pidió, luego de llegar a los Países
Bajos, fue una
buena taza de té británico. No siendo
capaz de volver a llamar a su barbero de la corte, y en parte debido a su
deseo de disfrazar sus características físicas, Guillermo se dejó crecer
una barba completa, permitiendo así que su famoso bigote se inclinara
hacia abajo.
A principios de la década de 1930,
Guillermo aparentemente esperaba que la victoria del
Partido nazi estimularía el interés por el resurgimiento de la
monarquía. Su segunda esposa, Hermine, pidió activamente al gobierno nazi
beneficios para su esposo, pero el desprecio de
Adolf Hitler por el hombre que había contribuido a la peor derrota de
Alemania, y su propio deseo de poder, evitaron la restauración de
Guillermo en la monarquía. A pesar de haber recibido a
Hermann Goering en Doorn al menos en una ocasión, Guillermo
desconfiaba de
Hitler, pese a que admiraba enormemente el éxito que éste
había logrado en los primeros meses de la
Segunda Guerra Mundial, e incluso envió un telegrama de felicitaciones
luego de la caída de París en 1940. Sin
embargo, tras la invasión nazi de los Países Bajos ese mismo año, el
anciano Guillermo se retiró completamente de la vída pública.
Guillermo II murió de embolia pulmonar en Doorn (Países Bajos) el 5 de
junio de 1941,
con soldados alemanes custodiando las puertas de su residencia. No
obstante, se dice que Hitler se disgustó de que el ex-monarca tuviera una
guardia de honor de tropas alemanas y al enterarse por poco manda fusilar
al general que ordenó esto. Guillermo II fue sepultado en un mausoleo en
las tierras de Huis Doorn, que desde entonces se han convertido en un
lugar de peregrinaje de los monárquicos alemanes.
Se respetaron los deseos de Guillermo, de que sus restos nunca fueran
devueltos a Alemania hasta que se restaurase la monarquía, y las
autoridades nazis de ocupación permitieron que se realizara un pequeño
funeral militar. Pero no se respetó la petición de Guillermo, de que la
esvástica y otros símbolos nazis no se desplegaran en sus funerales.
Familia
El 27 de febrero de 1881, Guillermo II, entonces
Príncipe de Prusia, se
casó con la princesa
Augusta Victoria de Holstein-Sonderburg-Augustenburg (1858-1921), con
la que tuvo siete hijos:
-
Wilhelm, príncipe heredero de Alemania y Prusia (1882-1951).
-
Eitel Friederich (1883-1942).
-
Adalbert (1884-1948).
-
August Wilhelm (1887-1949).
-
Oskar
(1888-1958).
-
Joachim
(1890-1920).
-
Victoria Luisa, esposa del príncipe
Ernesto Augusto de Hanover
(1892-1980).
Después de la muerte de
Augusta Victoria, Guillermo II contrajo matrimonio
con la princesa Herminia von Schoenaich el 9 de noviembre de 1922. No tuvo
descendencia de su segundo matrimonio.
fideus
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