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El cadáver de Zapata
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Inicios
Su infancia
se desarrolló a la par del latifundismo porfirista en Morelos.
Realizó sus primeros estudios con el profesor Emilio Vera, quién había
sido un viejo soldado juarista. Pronto trabajó como labrador y arriero.
En 1906
asistió a una junta de campesinos en Cuautla, para discutir la forma de
defender frente a los hacendados vecinos sus tierras del pueblo. Su
rebeldía lo condenó a la leva: en 1908, Zapata quedó incorporado al 9°.
Regimiento de Caballería, en Cuernavaca. Se dice que el pretexto que se
usó para su incorporación al ejército fue el hecho de que había raptado
a una jovencita, ya que Zapata era conocido por ser un hombre muy
enamorado. La acusación la puso el padre de Inés Alfaro Aguilar, joven
con quien tiempo después Zapata tendría dos hijos: Nicolás y Elena
Zapata Aguilar. En la fotografía en la que Zapata y Villa aparecen
sentados en la silla presidencial, el niño Nicolás es el niño más
pequeño que se asoma. Zapata tuvo más hijos, y de ellos a la fecha viven
dos: Ana María Zapata, hija de Petra P. Torres, y Diego Zapata, hijo de
María Jorge Piñeiro, este último asignado como caballerango de Pablo
Escandón, Jefe del Estado Mayor de Porfirio Díaz, y más tarde, en el mismo puesto, al mando de Ignacio
de la Torre, yerno de Díaz, quién le tomaría especial afecto por su
destreza con los caballos.
En septiembre
de 1909
Emiliano Zapata fue electo presidente de la junta de defensa de las
tierras de
Anenecuilco, donde empezaría a analizar los documentos que
acreditaban los derechos de los pueblos a sus tierras y se convertiría,
de esa manera, en dirigente agrario de Morelos,
su estado natal. Su primera aparición política ajena a su mundo
campesino fue en las elecciones para gobernador de Morelos
en 1909,
cuando apoyó al candidato de la oposición, Patricio Leyva, en contra del de los latifundistas,
Pablo Escandón.
En el mes de
mayo de 1910 recuperó por la fuerza las tierras de
Villa de Ayala, que eran protegidas por el jefe de policía José A.
Vivanco y que dejó en posesión de los campesinos del lugar. Por este
hecho tuvo que escapar varias veces del gobierno, pues fue declarado
bandolero. Después de haber recuperado las tierras, las dejó en
posesión de todos los campesinos de aquel lugar. Algunos meses después
participó en la reunión que se celebró en ese mismo lugar, es decir, en
Villa de Ayala, con objeto de discutir lo que después se convertiría
en el
Plan de Ayala.
La revolución maderista y el
Plan de Ayala
A finales de
ese mismo año, Pablo Torres Burgos fue enviado a
Estados Unidos por Emiliano Zapata para que se pudiera entrevistar
con
Francisco I. Madero. El resultado de esta entrevista fue la decisión
de tomar las armas por Emiliano Zapata y otros 72 campesinos y con Juan
Moreno, Rafael Moreno, Maurilio Mejia y José Vergara. Esto lo hicieron
el día
10 de marzo de 1911,
cuando proclamaron el
Plan de San Luis. Se dirigió hacia el sur, pues ya era perseguido
por Aureliano Blanquet y su batallón de soldados. En este período del
movimiento zapatista sobresalen las batallas de
Chinameca, Jojutla,
Jonacatepec,
Tlayecac y
Tlaquiltenango, así como la muerte del zapatista y antiguo líder del
movimiento suriano,
Pablo Torres Burgos, que incluso precedió al mismo Emiliano. A la
muerte del mismo, Emiliano Zapata es elegido, por la junta
revolucionaria del sur en 1911, nuevo
jefe revolucionario-maderista del sur. Las reivindicaciones zapatistas,
que suponían una reforma agraria radical (La tierra es de quien la
trabaja) fueron inaceptables para los sucesores de
Porfirio Díaz. Lo mismo se puede decir de
Francisco León de la Barra quien, haciendo uso de su facultad de
presidente, encabezó diversos enfrentamientos políticos y armados con el
jefe suriano, e incluso del mismo
Francisco I. Madero.
Zapata se
negó a desarmar a sus tropas, según lo acordado por los
Tratados de Ciudad Juárez, sin que antes se realizara el reparto de
las haciendas del Estado. Esto dio lugar a que Francisco León de la Barra, presidente interno, lo considerara
bandido y rebelde, mandando fuerzas a perseguirlo. Mil hombres bajo el
mando de los generales Victoriano Huerta y
Aureliano Blanquet fueron enviados a combatirlo. Para agosto del
citado año de
1911,
Francisco I. Madero quedó de entrevistarse con Emiliano Zapata en
Yautepec para buscar una solución pacífica en el conflicto suriano,
con el fin de convencerlo de que licenciara sus tropas, al tiempo que
Zapata era fuertemente criticado por la prensa conservadora del país. En
la reunión no se logró ningún acuerdo, dicho por Madero, pues el mismo
estaba convencido de que no podía acordar el previo reparto agrario. El
gobierno federal reiteró su decisión de imponer el orden por la
violencia, y Zapata se desplegó con sus tropas a los límites entre
Guerrero y Puebla,
escondiéndose del gobierno y generando emboscadas a pequeños
contingentes federales. Cabe destacar que durante ese lapso Zapata se
casó formalmente con
Josefa Espejo (su única mujer legítima, ya que durante la Revolución
tuvo infinidad de mujeres; su secretario particular comenta que tuvo
alrededor de 22, quizá mas). El padrino de la boda fue el propio
Francisco I. Madero.
El 25 de
noviembre de
1911 Zapata lanzó el
Plan de Ayala, redactado por
Otilio E. Montaño, documento que se convertiría en su estandarte y
en el fiel ejemplo de la ideología de los campesinos morelenses. En él
se exigía la redención de los indígenas y la repartición de los
latifundios otorgados durante el porfiriato. Se desconocía a
Francisco I. Madero como presidente y se reconocía a
Pascual Orozco como jefe legítimo de la
Revolución Mexicana. Además, el documento postulaba que, en vista de
que no se había cumplido con lo que se le había prometido al
campesinado, la lucha armada era el único medio para obtener justicia.
Durante 1912,
Emiliano Zapata combatió al
Ejército Federal que, al mando de los generales Arnoldo Casso López,
Juvencio Robles y Felipe Ángeles, buscaba la pacificación en los estados del sur. Los
zapatistas buscaron defenderse y lo hicieron "brutalmente", según la
versión del Ejército Federal: en las narraciones de los ataques
zapatistas son comunes las referencias a asaltos, incendios,
violaciones, etcétera. Lo cierto es que dichas narraciones eran
alteradas para justificar los desastres cometidos por los miembros del
Ejército Federal. En ese año sobresalen los ataques a
Tepalcingo,
Yautepec, Cuautla
y
Cuernavaca, aunque debe afirmarse que en ese entonces el movimiento
zapatista era muy débil, tanto en el ámbito político como en la rama
militar, sobre todo cuando la campaña del gobierno maderista contra los
sublevados surianos quedó a cargo del general Felipe Ángeles. Por sus métodos civilizados y tolerantes, le
restaban bases al zapatismo, pues Ángeles simpatizaba con ellos.
La lucha en el sur a la muerte
de Madero
Tras el
asesinato de
Francisco I. Madero y el ascenso en el poder de
Victoriano Huerta, la lucha armada se exacerbó y Zapata fue uno de
los jefes revolucionarios más importantes, al tiempo que introdujo
importantes reformas en Morelos. Posteriormente, estas posturas lo
opusieron al nuevo presidente (Venustiano
Carranza). Una vez en el poder,
Victoriano Huerta envió una comisión encabezada por el padre de
Pascual Orozco, Pascual Orozco (Padre) a pactar la paz con Emiliano Zapata. Esto le
facilitaría tener un frente menos de guerra en el país. Éste, que
contaba ahora con el dominio de Morelos
y parte del
Estado de México, del estado de
Guerrero, de Puebla
y de
Tlaxcala, se negó a pactar con aquellos a quienes él llamó
asesinos de Madero. Fusiló al emisario de Huerta, envió una carta
al general Félix Díaz, repudiando al gobierno de Huerta y, para el mes de mayo
de ese mismo año, reformó su
Plan de Ayala, declarando que
Victoriano Huerta era indigno de la presidencia del país. A
Pascual Orozco se le retiró el cargo de Jefe de la Revolución.
Zapata quedó entonces como único jefe del Ejército Libertador del Sur. Sin embargo, es preciso consignar que
el hecho de reconocer el
Plan de Ayala implicaba el no reconocimiento del
Plan de Guadalupe, convirtiendo a Zapata, a
Francisco Villa, a
Álvaro Obregón y a Pablo González Garza, todos ellos en encarnizadas batallas en el
norte del país, en luchadores de una causa aislada.
En los
primeros meses de 1914,
Zapata tomó
Jonacatepec y
Chilpancingo, y ese mismo año su ejército constaba ya de 27,000
hombres, por lo que para abril ya había controlado por completo el
estado de
Morelos y algunos lugares de
Guerrero. Poco después conquistó
Cuernavaca y para junio se acercó a la
ciudad de México, ocupando
Cuajimalpa,
Xochimilco y
Milpa Alta, amagando a esta ciudad. Sin embargo, las fuerzas
constitucionalistas les cerraron el paso, al ocupar la
ciudad de México antes que las propias zapatistas, las cuales se
encontraban más cerca. En septiembre,
Venustiano Carranza envió a
Juan Sarabia, a Antonio I. Villarreal y a
Luis Cabrera a conferenciar con Emiliano Zapata, pero nuevamente el
caudillo suriano exigió la renuncia de
Venustiano Carranza al Poder Ejecutivo, y el reconocimiento del
Plan de Ayala. Los emisarios, como toda respuesta, abandonaron su
campamento y el estado, pues Carranza rechazó rotundamente sus
peticiones, calificándolas de "inadecuadas".
El Gobierno Convencionista
En ese mismo
mes, Zapata, desde su cuartel general de
Cuernavaca, promulgó la entrega de tierras a los pueblos. Invitado
por varios delegados de la Convención de Aguascalientes, en la que los tres grupos más
importantes que participaron en la Revolución Mexicana intentaron dirimir sus diferencias, Zapata no
fue en persona al citado evento, pero envió a una comisión, integrada
por Antonio Díaz Soto y Gama (quién protagonizo el
Incidente de La Bandera),
Leobardo Galván, Paulino Martínez,
Manuel J. Santibáñez y Manuel Uriarte, quienes quedaron en calidad de observadores hasta
que la Convención optó por desconocer a
Venustiano Carranza. Así pues, Emiliano Zapata se unió con
Francisco Villa y ambos reconocieron a
Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de México, no así el
encabezado por
Venustiano Carranza, lo que provocó la continuación de la guerra
civil. A finales de noviembre, la poderosa División del Norte y el
Ejército Libertador del Sur entraron en la
ciudad de México, alcanzando así fama nacional el movimiento
zapatista como la otra cara de la moneda entre los campesinos surianos y
los del norte. En su estancia en la capital, las tropas tuvieron una
actitud más que pacífica: obtuvieron recursos mediante limosnas y
evitaron los robos y asaltos de algunos bandidos que ensuciaban su
nombre haciéndose llamar zapatistas. El
4 de diciembre de ese año Villa y Zapata tuvieron la célebre
entrevista de
Xochimilco, lográndose una alianza militar entre ambos ejércitos.
Villa aceptó en cambio el
Plan de Ayala, a excepción de sus acusaciones a
Francisco I. Madero, quién había sido su redentor y se obligó a dar
armas a Zapata.
Concretados
estos acuerdos, Emiliano Zapata partió rumbo a
Amecameca y tomó Puebla
el
17 de diciembre de 1914,
aunque en los primeros días de enero la plaza le fue arrebatada por las
fuerzas del general Álvaro Obregón. Éste habría de dedicar sus mayores esfuerzos para
combatir al poderoso ejército villista, dando lugar a que durante 1915 Morelos
fuera gobernado por los campesinos levantados en armas, asesorados por
los intelectuales de la lucha suriana. En 1916, una
vez que
Venustiano Carranza se había instalado en la
ciudad de México y que
Francisco Villa hubiera sufrido serias derrotas por parte del
ejército de Álvaro Obregón, Carranza dispuso la ofensiva contra el zapatismo, al
mando de Pablo González Garza. Con apoyo incluso de la aviación del ejército,
Cuernavaca fue ocupada por los constitucionalistas en mayo y, aunque
regresó efímeramente a manos de los zapatistas, quedó definitivamente en
su poder el
8 de diciembre de ese mismo año. Ante la carencia de armas y ya sin
el apoyo villista, en muy poco tiempo casi todas las poblaciones del
estado quedaron en poder de los constitucionalistas. En 1917,
Zapata, lanzando una contraofensiva, reconquistó
Jonacatepec,
Yautepec, Cuautla,
Miahuatlán,
Tecala y
Cuernavaca.
En marzo
expidió la ley administrativa para el estado, reabrió escuelas, creó
instituciones para reiniciar la producción de alimentos del campo y
continuó la guerrilla en zonas periféricas y de frontera. Sin embargo,
en octubre del mismo año entró a Morelos
el general Pablo González Garza, apoderándose del territorio. Para 1918,
Emiliano Zapata era, al igual que
Francisco Villa lo sería en 1920, un
guerrillero con poco futuro, pues ante las constantes batallas y lo
escaso de las municiones, la muerte de los cabecillas y la ley agraria
de Carranza, que apaciguó la causa suriana, su movimiento, indudable
manifestación del descontento campesino, no llegó a consolidarse como
una verdadera organización político-militar. Siendo una rebelión de
masas campesinas, se limitó a realizar su guerra de guerrillas a partir
de 1918.
Muerte de Zapata
La guerra por
parte del gobierno tomó perfiles despiadados. El gonzalista
Jesús Guajardo le hizo creer a Zapata que estaba descontento con
Carranza y que estaría dispuesto a unirse a él. Zapata le pidió pruebas
y Guajardo se las dio. Acordaron reunirse en la Hacienda de
Chinameca, Morelos,
el
10 de abril de 1919, pero
Zapata murió preso de una emboscada. No pocos condenaron el
procedimiento. Además, esto dio lugar a que, una vez muerto, Zapata se
convirtiera en el Apóstol de la Revolución y símbolo de los campesinos
desposeídos. El movimiento continuó, aunque en franco declive, y los
zapatistas acordaron nombrar a Gilbardo Magaña Cerda jefe del
Ejército Libertador del Sur. Él sería el último: casi un año
después, los antiguos compañeros de Zapata se integrarían al gobierno
aguaprietista, y uno a uno serían asesinados por el mismo gobierno
mientras trabajaban para la misma institución.
Los
seguidores de Emiliano Zapata reciben desde entonces el nombre genérico
de zapatistas, aunque es muy importante hacer la distinción entre
los zapatistas de tiempos de la Revolución Mexicana y los
actuales
zapatistas del sur de México.
Hace algún
tiempo,se publicó un texto que cuestiona la versión oficial de la muerte
de Zapata en la Hacienda de Chinameca.[1]
Hasta la fecha no ha habido una respuesta pública, con argumentos, ni
siquiera de historiadores profesionales, que refute este cuestionamiento
a la versión oficial. Sin embargo, ha provocado la molestia de quienes
lo publicaron, porque les dicen que distorsionan la redacción de este
punto, al parecer por la incapacidad de argumentar.
Zapata es el
autor de la famosa frase
«Es mejor morir de pie que vivir toda una
vida arrodillado».
Dolores Ibárruri, "La Pasionaria", ciertamente la popularizó (al
lado de otras frases de Esquilo)
en sus discursos durante la guerra civil española.
Museos
Se ha
implementado en los ultimos años la llamada "Ruta de Zapata" un proyecto
turistico para conocer mas de la historia del caudillo revolucionario.
Ruta de
Zapata
1.Cuautla :
En este lugar se puede visitar la antigua estación de ferrocarril que
sirviera de cuartel zapatista,el palacio municipal donde fuera velado su
cadaver, la plazuela del sur donde descansan sus restos debajo de una
estatua en su honor, la maquina 279 que sirviera durante la epoca
revolucionaria.
2.Anenecuilco:
cuenta con la casa museo Zapata , museo innovador ,que cuenta con el
cuarto donde naciera Don Emiliano Zapata.
3.Chinameca:
restos del Casco de la Exhacienda donde fuera acribillado , cuenta con
un museo con fotografias.
4.Tlaltizapan:
donde esta ubicado el museo Cuartel Zapatista , tambien se encuentra el
mausoleo a Emiliano Zapata .
Referencias
Otras fuentes
-
Taibo II,
Paco Ignacio, Pancho Villa. Una biografía narrativa, Planeta,
México, 2006.
-
Zapata, Flores-Magón y el anarquismo, en Influencias anarquistas
en la Revolución Mexicana, por Jason Wehling
Enlaces externos