Errico Malatesta (*
14 de diciembre de 1853 Santa
Maria Maggiore, Campania, Italia
— † 22 de julio de 1932, Roma), es
uno de los grandes teóricos del
anarquismo moderno y con él podemos decir que se cierra la etapa de
los clásicos anarquistas (junto a
Pierre-Joseph Proudhon,
Mijaíl Bakunin y
Piotr Kropotkin).
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Errico Malatesta
(1853 - 1832)
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Biografía y aportes teóricos
Su
pensamiento post-materialista abre una corriente, hasta el momento
inexistente en la teoría anarquista, hecho que le llevará a un conflicto
ideológico con el mismo Kropotkin al que considerará cercano al
positivismo. Sus teorías influirán en las nuevas corrientes filosóficas
que surgen a fines del siglo
XIX y comienzos del XX
en torno al
neokantismo y
neoidealismo.
Errico
Malatesta nació en un contexto familiar pequeño burgués del que se
desprenderá al comenzar su activismo político trabajando de muchos
diferentes oficios, entre ellos el de electricista. Su activismo
político empieza a los 17 años, cuando se interesa por la
Internacional y el
socialismo antiautoritario. En 1872 conoce a
Bakunin, de quien se
considerará su discípulo. Posteriormente, Malatesta inicia un período de
viajes con la finalidad de participar en distintas
agitaciones sociales. Entre los países en los que viajó figuran Suiza, España, Egipto,
Rumanía, Francia, Bélgica
e
Inglaterra. En marzo de 1885, para
evitar la persecución en Europa,
decide huir a la
Argentina. Allá fundará sindicatos (la Sociedad de Resistencia
Cosmopolita de Obreros Panaderos), promoverá la organización del
proletariado, y a la vez se introducirá en fuertes luchas ideológicas
con anarquistas individualistas.
En 1889 vuelve
a Italia e inicia una larga etapa de creación y fundación de periódicos
y revistas libertarias como L'Associazione (1889),
L'Agitazione (1897),
L'Internazionale (1901),
La Rivoluzione Sociale (1902),
Volontà (1913),
Umanità Nova (1920),
Pensiero e Volontà (1924);
de las cuales, las tres últimas son las más importantes por su prestigio
entre la prensa anarquista internacional de la época. En 1891, en
Suiza, funda el Partido Socialista Revolucionario Anárquico Italiano, uniendo
anarquistas ciprinianos y anarquistas propiamente dichos. Después de
ser condenado a siete meses de cárcel en Italia y a
arresto domiciliario, escapa a Inglaterra desde donde pasa pronto a
Estados Unidos. En 1900 vive
en La
Habana, y posteriormente a
Nueva York y a Londres,
donde trabaja de mecánico electricista durante 13 años, atento siempre a
los movimientos sociales y a mantenerse al día con el pensamiento
científico y filosófico.
En 1907, en el
Congreso Internacional Anarquista de Amsterdam (Actas
del Congreso), vuelve a verse envuelto en pugnas contra los
anarquistas individualistas. Este mismo año publicará polémicos
artículos atacando el sindicalismo como cúspide del anarquismo. Entendía por tal no a la
participación de los anarquistas en sindicatos sino a que los mismos se
fundiesen en ellos. Sostenía la necesidad de la participación en los
sindicatos (y otras organizaciones populares de lucha) pero a la vez la
necesidad de la organización política de los anarquistas.
En 1914
interviene en el Congreso del Fascio Comunista Anarchico, así como también participa
en una campaña insurreccional dirigida contra la
Monarquía de Saboya y el
Vaticano. Con la llegada de la
Primera Guerra Mundial, Malatesta se muestra absolutamente
partidario de la oposición activa al esfuerzo de guerra en todos los
países por considerarla una guerra fratricida en provecho de los
intereses de minorías explotadoras. Esto producirá la separación
ideológica con
Kropotkin (partidario de la alineación con Francia e Inglaterra). La
separación se ejemplifica con la oposición de Malatesta al
Manifiesto
de los 16 de Kropotkin.
En 1920 se
produce una ola de ocupaciones de fábricas por parte de los trabajadores
donde Malatesta participa, siendo inspirador del movimiento (desde la
Unione Sindicale Italiana). Con la llegada de
Mussolini, Malatesta es procesado por su participación antifascista
en varias revistas. Prisionero en su domicilio, aislado y reprimido por
el fascismo, muere el
22 de julio de 1932 en Roma.
En relación a
sus teorías hay que decir que las desarrolló básicamente en un gran
número de revistas y diarios que fundó y en los cuales participó
activamente.
Alejamiento ideológico con
Kropotkin
Las teorías
de Malatesta tienen una base y un origen en
Kropotkin, a pesar que se
diferencian en ciertos puntos, aumentando este distanciamiento a lo
largo de sus vidas.
Las
diferencias con Kropotkin se pueden resumir en cuatro puntos.
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En
primer
lugar Malatesta, a diferencia de Kropotkin, cree que el anarquismo no
se puede basar en el cientifismo. Afirma que el anarquismo es un ideal
ético y social propuesto a la voluntad libre de los hombres, siendo la
anarquía un orden natural, armonía de necesidades e intereses de
todos, libertad completa en el sentido de una solidaridad asimismo
completa, dándole un sentido ético y no científico a la definición.
-
En
segundo
lugar, Malatesta, a diferencia de Kropotkin, afirma que la voluntad y
la conducta del hombre no están predeterminados y por lo tanto el
hombre se forma socialmente.
-
En
tercer
lugar, critica la teoría de Kropotkin de
Tomar del montón (Tomar los
necesario que haya en los primeros momentos revolucionarios), ya que Malatesta afirma que no se debe esperar para empezar a producir y que
no hay tal montón porque para él solamente la abundancia se lograba
con el socialismo.
-
Y
finalmente, una gran diferencia que los distanció definitivamente fue
el posicionamiento de ambos ante la
Primera Guerra Mundial: mientras Kropotkin apostaba por la intervención de los obreros en la guerra
junto con Francia e Inglaterra, Malatesta fue un fervoroso opositor a
la participación de los obreros en la guerra, viéndola como una simple
lucha entre dos bandos igualmente imperialistas y pro-capitalistas.
Visión sobre el sindicalismo
Siguiendo con
su pensamiento, cabe destacar su particular visión sobre el sindicato y
su función dentro del movimiento anarquista. Malatesta parte de la
premisa que el sindicato es necesario, y que los anarquistas deben
participar en él o fundarlo cuando éste no exista. A pesar de esto,
afirma que el sindicato es un medio y no una finalidad. Esta idea se
basa en sus sospechas sobre el hecho que el sindicato, si no se tiene
clara su función y se lo confunde con una organización política, puede
convertirse en un pseudopartido, con tendencias jerarquizantes y
autoritarias hacia la mayoría de los participantes que se acercan por su
cáracter reinvindicativo. A la vez, cree que el sindicalismo no debe
caer en el error del oportunismo y conformismo social, ni en la pura
defensa de los intereses particulares pero que hay una tendencia en el
propio sindicalismo que lo lleva a caer en eso (de ahí la necesidad de
la organización anarquista separada). La experiencia de la
CGT francesa
y el declinamiento del sindicalismo revolucionario ante la represión de
los Estados y las concesiones de los mismos hacia sectores moderados y
negociadores parecieran darle la razón para muchos anarquistas.
Concepción económica
Respeto a su
concepción en lo económico, la posición de Malatesta cambia a lo largo
de su vida. En un primer periodo coincide con
Kropotkin al considerar el
comunismo como un sistema económico ideal. Para él comunismo significa
que todos trabajan y todos disfrutan de todo. Basta solo saber cuales
son las cosas que se necesitan para satisfacer a todos y hacer de modo
que todas estas cosas sean abundantemente producidas.
Según el autor, no tendría que existir ni la moneda ni nada que la
sustituyera, aunque sí un registro de las cosas pedidas y las producidas
a fin de tener la producción a la altura de las necesidades.
Textualmente cita que lo que queremos hacer
por la fuerza es poner en común los terrenos, materias primas,
instrumentos de trabajo, edificios y todas las riquezas que actualmente
existen (algunos anarquistas interpetan que por esto se
refiere no al establecimiento del comunismo sino a la toma de los medios
de producción por parte de los trabajadores que los ponen en
funcionamiento, esta interpretación tiene mucho sentido pues es lo que
propone en el mismo texto del que esta sacada esa cita). A pesar de esta
afirmación, en un segundo momento de su vida, Malatesta sustituye éste
dogmatismo económico entorno al anarcocomunismo por otra idea: la de que
cada localidad de personas experimente su sistema económico (
mutualismo, cooperativismo, colectivismo o comunismo). Aunque Malatesta
está abierto a que las comunidades asuman el sistema económico que
prefieran, tiene la certeza que todas acabaran asimilando el comunismo
como sistema económico ideal. De esta manera afirma que
Referente al
modo de organizarse y de distribuir la producción el pueblo hará lo que
quiera, tanto más cuanto que en la práctica puede verse cual es el mejor
sistema (...) cuando se haya visto cual sistema es el mejor (el
comunismo, según él), los demás lo irán adoptando.
Organización política y social
Sobre la
organización política Malatesta sigue un método muy didáctico: en primer
lugar define el origen del estado y del gobierno, posteriormente hace
una crítica al sistema de estado y de gobierno en la actualidad y
finalmente propone la alternativa del anarquismo como organización
social y política.
Para
Malatesta la palabra Estado significa el conjunto de instituciones que
sustraen al pueblo la gestión de sus propios asuntos, para, mediante la
delegación, confiar a algunos individuos la facultad de hacer leyes
sobre todos y para todos. Además, Malatesta insiste en el hecho de
entender como sinónimos Estado y gobierno. La abolición del estado será,
según él, la abolición de organización política que se apoya en la
autoridad, y a la vez, la construcción de una sociedad libre y anti-autoritaria
con los motores de la armonía y el concurso voluntario, para satisfacer
todas las necesidades sociales.
El autor, a
la vez, rechaza dos tipos de definiciones de Estado: en primer lugar,
rechaza que estado se entienda como vínculo de conexión social, ya que
por consiguiente, anarquía se podría entender como disgregación social.
En segundo lugar, rechaza el concepto de estado meramente como poder
central, ya que consecuentemente anarquía se podría entender solo como
cantonalismo y comunalismo. Por estas dos razones, Malatesta propone
evitar la frase abolición de estado
y sustituirla por abolición de
gobierno.
Sobre el
concepto de gobierno, Malatesta apunta que éste se ha constituido
históricamente a partir de un hecho de fuerza (usurpación) o de la
imposición por parte de un grupo social (predominio de la minoría sobre
la mayoría). Respecto a este concepto, el autor nos da dos definiciones
contrapuestas. La primera, que según él es la de
ellos y consiste en
entender gobierno como una entidad moral que contiene atributos de
razón, justicia e independencia, con un poder social abstracto. La
segunda definición, que según Malatesta es la de
nosotros, definiendo
el gobierno como un conjunto de gobernantes que legislan para
reglamentar las relaciones del hombre, que decretan, que fuerzan al
servicio militar, que castigan, que monopolizan, que declaran la guerra
y que obligan a todo el mundo con la finalidad de designios
particulares. Su crítica al gobierno se basa en el hecho de que los
gobernantes no pueden estar excepcionalmente dotados para apartar a los
propios individuos de sus deliberaciones.
Una vez
rechazado por amplias razones el concepto de Estado y gobierno,
Malatesta propone la anarquía como modelo social y político en
sustitución del modelo que impera en la actualidad.
Según
Malatesta, el anarquismo tiene una única razón de ser, y es la rebelión
moral contra la injusticia. El anarquismo nace cuando alguien ve que las
causas de todo mal son las luchas entre los hombres con el dominio de
los vencedores y la explotación de los vencidos; la sumisión de unos
ante los otros a lo largo de la historia, con el consecuente nacimiento
del capitalismo, el estado y la propiedad privada.
Para
Malatesta, la base fundamental del método anarquista es la libertad.
Según él, anarquía significa "no gobierno", es decir que el pueblo mismo
tiene que decidir lo que hay que hacer y cuando hay que hacerlo. En el
caso de darse situaciones que no se puedan resolver de manera
instantánea se debería elegir delegados, los cuales serían personas
escogidas entre las más inteligentes pero sin ninguna autoridad sobre
las demás. Añade que la organización debe empezarse desde abajo e ir
subiendo gradualmente (de lo simple a lo compuesto). Su concepción
organizativa se basa en la existencia de muchas agrupaciones, dentro de
las cuales existen los diferentes oficios, con sus respectivos
delegados. Estos serían responsables de llevar las inquietudes de la
agrupación a las asambleas, cuyas conclusiones serían devueltas a las
agrupaciones. La finalidad de la anarquía se puede resumir en la
necesidad de que surja una organización social cuyo objetivo sea el
bienestar y la libertad, la reunión y la fraternidad humana.
Su pequeña
crítica al movimiento anarquista es que, según el, a pesar que no debe
verse la anarquía como algo utópico y lejano, se ha descuidado mucho de
qué manera se llega a ella, despreocupándose de los medios y caminos
para implantarla. A la vez, hace algunas aclaraciones sobre el concepto
de "anarquista" y critica el pseudoanarquista. Según Malatesta, no basta
para ser anarquista creer en el ideal de la anarquía, sino que hay que
luchar para alcanzarla, reclamando siempre libertad y justicia. También
rechaza el hecho de aparejar el concepto de rebelde al de anarquista.
Define a los rebeldes como individuos pertenecientes a la clase oprimida
que no rechazan convertirse en opresores; individuos con mentalidad y
sentimientos de un burgués frustrado. Por todo esto, rechaza la
confusión entre rebelde y anarquista.
Concepción de la democracia
representativa
Un aspecto a
destacar es la crítica a la democracia representativa que hace Malatesta. En primer lugar, su
crítica se centra en el
sufragio universal. Éste, según el autor, se basa meramente en la
cantidad, hecho que no contempla la equidad.
Afirma que el sufragio universal no es nada más que la capacidad de
saber engañar a la masa y que genera vencedores (con el cinismo de la
mitad más uno) y vencidos. Además, el hecho de que el gobierno sea
escogido por una mayoría no garantiza que éste sea racional y justo, ni
que obre en favor de los intereses comunes. También añade que además de
los problemas estructurales del sufragio universal, los mecanismos
electorales no son capaces de representar auténticamente a las mayorías.
Para entender
el origen del
parlamentarismo, Malatesta nos habla de dos tipos de opresiones
históricas: la opresión directa mediante la fuerza, o la indirecta, que
será el origen del parlamentarismo. Así, el parlamentarismo moderno, no
es más que la dominación de la clase capitalista mediante la fuerza
aplicada sutil e indirectamente. El autor ejemplifica este engaño
afirmando que el proletariado, en muchos países, obtiene mayorías en las
elecciones del gobierno. Esto no es más que una concesión de la
burguesía para evitar que el pueblo se emancipe absolutamente. Así, el
derecho de sufragio concedido al pueblo no es más que algo ilusorio y
que solo sirve para consolidar el poder de la burguesía, engañando de
forma descarada al proletariado. Por todo esto, Malatesta afirma que
aún con el sufragio universal, el gobierno ha
continuado siendo el gendarme da la burguesía.
Crítica al marxismo y el
bolchevismo
Es importante
también la crítica que Malatesta hace al marxismo y al
bolchevismo que podemos resumir en cuatro puntos. Primeramente
Malatesta afirma que el comunismo no es el resultado lógico y necesario
de las fuerzas económicas sino el producto de una conciencia
generalizada de la solidaridad entre los hombres, diferenciándose del
concepto marxista y bolchevique de comunismo. En segundo lugar critica
el concepto de revolución que tiene por meta instaurar el marxismo ya
que para él no consiste en la toma del poder por parte de la clase
obrera ni en implantar una dictadura del proletariado; en oposición a
esto, Malatesta considera la revolución como un medio para liquidar a
todo gobierno y para la toma de posesión, por parte de los grupos
trabajadores, de la tierra y los medios de producción. En tercer lugar,
el autor se aleja del marxismo y bolchevismo ya que para él la
edificación de una sociedad comunista debe concebirse como resultado de
un largo proceso evolutivo y no puede ser uniforme ni simultáneo. Para
el autor ningún sistema puede ser vital y liberar realmente a la
humanidad de la atávica servidumbre, si no es fruto de una libre
evolución. Finalmente, en relación a la definición de rebelde vista
anteriormente, se puede entender, aunque sutilmente, que los individuos
a los que se refiere el autor (aquellos pertenecientes a la clase
oprimida que no rechazan la idea de convertirse en opresores) responden
claramente a los bolcheviques y a su idea de la dictadura del
proletariado.
Antiindividualismo
Ya conocemos,
por lo citado en la biografía, los múltiples conflictos que Malatesta
tuvo con anarquistas individualistas. El autor siempre fue contrario al
individualismo, hecho que le llevo a la enemistad entre algunos grupos
anarquistas. El autor afirma que la acción social no es más que el
resultado del conjunto de las iniciativas individuales. A la vez, ve la
necesidad de que la suma de individuos concurra al mismo objeto para
evitar divergencias y oposiciones. Afirma que el socialismo libertario
no es más que la voluntad de impedir que ciertos individuos opriman a
los otros, negando rotundamente la falsa definición de que el socialismo
libertario se basa en aumentar la independencia individual en detrimento
de lo social. Su antiindividualismo se da a conocer cuando Malatesta
afirma que es imposible la existencia del individuo fuera de la
sociedad. Es más, el individuo humano existe gracias a la sociedad, el
entorno y la historia; entendiendo su existencia como resultado de
incontables generaciones pasadas y también como resultado de la
colaboración solidaria entre sus contemporáneos. Malatesta llega a
afirmar la imposibilidad del pleno individualismo ya que cualquier
actitud individual influye directa o indirectamente en la sociedad. Así
pues, contrapone el individualismo al concepto de solidaridad.
El concepto de solidaridad
Finalmente,
es importante poner énfasis en el concepto de solidaridad, ampliamente
desarrollado por el autor. Según Malatesta, el principio básico de la
anarquía es la solidaridad voluntaria. Su extensa teoría sobre la
solidaridad empieza con los orígenes de ésta. El ser humano, dentro de
su entorno natural, necesita asegurarse la existencia de una manera
necesaria, instintiva e inconsciente, mediante dos tipos de lucha. La
primera, de carácter individual contra su entorno y contra otros
individuos. La segunda, mucho más importante, mediante la cooperación,
el apoyo mutuo y la asociación contra factores naturales que niegan el
desarrollo y el bienestar. Así pues, la conclusión es obvia: la
cooperación es la única manera que el hombre tiene para progresar. El
hombre ha podido salir del estado de animalidad gracias a su instinto de
sociabilidad cooperativa, haciendo que la conservación de la especie
mediante la solidaridad llegue a ser el fondo de la naturaleza moral del
hombre. Malatesta destaca la adquisición del lenguaje como factor vital
para llegar a la sociabilidad.
El hombre
tiene la capacidad de asociarse de modo extensivo. Esto lo distingue de
los animales, ya que su capacidad asociativa no llega más allá de una
comunidad. Por ejemplo, las hormigas pueden asociarse dentro de un
hormiguero, pero nunca con las hormigas de otro hormiguero.
Malatesta
coincide con Bakunin cuando afirma que la emancipación individual no es
posible sin la emancipación colectiva, mediante la solidaridad.
El autor ve
la solidaridad como un concepto natural y evolutivo ligado al hombre. A
pesar de esto, ve un quiebre entre solidaridad y humanidad en un
determinado momento de la historia. Desde el momento en que algunos
hombres descubrieron que podían aprovecharse de la cooperación y
solidaridad de todos los otros, les sometieron bajo su dominación. Así,
la solidaridad que tendría que haber llegado a todas las relaciones
humanas, sufrió un cambió de dirección que conllevó el nacimiento de la
propiedad privada y el gobierno. De este modo se ha desviado la lucha de
todos para el bienestar de la humanidad por la lucha de todos contra
todos. Esta situación no puede cambiar hasta que los explotados de todo
el mundo no se den cuenta que su libertad pasa por la posesión de los
medios de producción, de la tierra y de los instrumentos de trabajo, es
decir, la abolición de la propiedad individual. Con la abolición de
ésta, el gobierno, su principal defensor, también debería desaparecer de
tal modo que la cooperación y la solidaridad volverían a ser libres,
voluntarias y directas y se desarrollarían en el más alto grado.
Llegado el
estado de anarquía la solidaridad se expresaría en la libre organización
del trabajo, en la distribución igualitaria de toda la producción, y el
trabajo por el bienestar de todos (siendo éste una diversión deseada ya
que cada uno podría escoger aquel trabajo que se adaptase a sus
inclinaciones).
Así pues,
resumiendo el amplio concepto de Malatesta sobre la solidaridad, hay que
decir que ésta es natural en el hombre, que en determinado momento sufre
un brusco cambio para ser aprovechada en beneficio de unos pocos, siendo
la propuesta del autor la reubicación de la solidaridad hacia el bien de
la humanidad llegando a un estado de anarquía, mediante la supresión de
la propiedad privada y del gobierno.
Como
conclusión, cabe destacar el aporte de Malatesta abriendo nuevos caminos
en el anarquismo del siglo XX. Éste hecho le costo el distanciamiento
con los grandes clásicos, como es el caso de su alejamiento con
Kropotkin.
Es
interesante rescatar su concepción sobre el sistema de estado y de
gobierno, su teoría sobre la solidaridad humana, su alejamiento del
positivismo y su particular visión experimentadora en relación al modelo
económico anarquista.
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